Fernando Redondo | El mediocentro total

redondocuadroTenía la fortaleza física y el desempeño de los defensores más hoscos, pero la apariencia de un príncipe, nombre que le dieron en el Real Madrid. Jugador de mucho carácter, no dudaba en entrar duro cuando había que hacerlo, pero a pesar de su envergadura (media 1.86m), Redondo era puro talento. Capaz como nadie de descargar el juego con solo un toque de balón, el argentino fue un mediocentro total, con gran rigor táctico, insuperable en lo defensivo y creativo a más no poder. Por Raúl Piñeiro.

Fernando Carlos Redondo Neri nació en la localidad argentina de Adrogué el 6 de junio de 1969, en el seno de una familia de clase media-alta que le permitió tener una infancia distinta de la mayoría de los futbolistas sudamericanos, a los que el fútbol sacó de las calles. Desde muy pequeño ya mostraba su amor por el fútbol y pronto comenzó a dar sus primeras patadas a un balón. Como todos los niños argentinos de su época, quería jugar de ‘10’, intentando emular a su ídolo Ricardo Bochini, leyenda de Independiente y de la selección argentina, o a la nueva estrella en ciernes Diego Armando Maradona.

Como la mayoría de los niños, su primer contacto con un equipo fue en  fútbol sala, en el club de barrio  Club Deportivo y Social Villa Calzada. Luego pasó a jugar en Talleres de Remedios de Escalada. Más tarde, su padre lo llevó a probar a Argentinos Juniors, club donde había despuntado el propio Maradona. Participó en las categorías inferiores del club hasta que en 1985, con apenas 15 años, debutó en primera frente a Gimnasia y Esgrima La Plata. Ese mismo año ganaría el campeonato sudamericano sub-17 disputado en Argentina, siendo pieza clave. En Argentinos Juniors ya las lesiones iban a estar muy presentes en su carrera. Jugaría un total de 75 partidos en 5 temporadas, anotando un solo gol, al tiempo que seguía con sus estudios.

De hecho, renunció a disputar el Mundial de Italia en 1990 aduciendo que tenia exámenes de su carrera de derecho. Otros apuntan a que no comulgaba con las ideas del entonces seleccionador Carlos Bilardo (Redondo era un menottista confeso, amante del juego bonito en contraposición al bilardismo, más resultadista) y que por ello no quiso ir al Mundial. De cualquier forma, ese mismo verano de 1990, en una situación nunca bien aclarada, quedó libre de Argentinos Juniors y fichó por el C.D. Tenerife, donde se convirtió en uno de los mejores jugadores de la historia del club, rechazando ofertas de equipos más grandes en el calcio italiano, entonces la mejor liga del mundo.

Con el Tenerife nunca terminó de jugar una temporada completa a causa de las continuas lesiones. A pesar de eso, Redondo lideraría aquel Tenerife que le quitó 2 ligas al Madrid y que se paseó por Europa en la Copa de la UEFA. Durante esos años, además, lograría la Copa América de 1993. En su etapa en el conjunto chicharrero mostró las dotes que le convirtieron en el mejor ‘5’ argentino de la historia. El argentino era el timón del equipo, mandando en el centro del campo y con una magia en sus botas capaz de mover al resto de sus compañeros. Parecía tener un imán, ya que, a pesar de que solía soltar la bola rápido, al primer toque, siempre estaba en contacto con la pelota y hacía jugar a su equipo, ofreciéndose constantemente y abriendo huecos, con o sin balón. Su excepcional visión de su juego y la elegancia con la que se desenvolvía sobre el terreno de juego le hacían un futbolista irrepetible.

Esas virtudes hicieron que muchos equipos intentaran hacerse con sus servicios, incluido el Real Madrid de Ramón Mendoza, que persiguió su fichaje, sin éxito, en el 92 y el 93. Pero en el 94, con la llegada de Jorge Valdano al banquillo blanco, hizo posible, por fin, la contratación de Redondo por el Real Madrid. Valdano había coincidido con el mediocentro en el Tenerife y lo consideraba indispensable para su proyecto. Su iniciación madridista no fue la deseada. En la pretemporada del año 94, en San Mamés, sufrió una grave lesión a causa de una entrada de Mendiguren, lo que le impidió poder comenzar la liga con el equipo merengue. A pesar de todo, ese año llegaría a jugar 23 partidos y el Madrid acabaría ganando la liga. La temporada siguiente, también con Valdano en el banquillo, tuvo un inicio dubitativo, en parte por la presión de la exigente afición madridista, que exigía mas de él. Justo cuando empezaba a entonarse, y tras una gran actuación en Turín, de nuevo una lesión, esta vez por una dura entrada de Josico, del Albacete, lo mandaba al dique seco.

 

redondopost1Fernando Redondo y Diego Maradona, durante un Tenerife-Sevilla de la época.

 

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Disputando un balón a Matthaüs en la semifinal de Champions Real Madrid-Bayern de 2000.

 

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El jugador argentino, enfundado en la camiseta de su selección en un partido contra holanda.

 

Un futbolista único, por su buen hacer en apartado defensivo y táctico, pero sobre todo por la exquisitez y elegancia de sus movimientos con y sin balón

Con la llegada del italiano Fabio Capello al banquillo blanco en 1996, Redondo se convirtió en una pieza indiscutible de aquel puzle que consiguió la Liga ese año y la Champions League un año más tarde con Jupp Heynckes. En la final donde el Madrid consiguió su ansiada séptima Copa de Europa, el mediocentro argentino fue fundamental en el aspecto defensivo, cerrando todos los espacios y cualquier posibilidad de creación de la Juventus. Zidane, líder del conjunto italiano, apenas pudo rascar bola y sin la magia del francés, el cuadro turinés se mostró inoperante y los blancos se alzarían con el máximo título europeo 32 años después. Ese mismo verano se disputaba el Mundial de Francia y de nuevo Redondo no acudió. Daniel Passarella, otro técnico bilardista, exigía a los jugadores argentinos que se cortaran el pelo. Él quería soldados, no modelos. Redondo y Caniggia se negaron. Otros, como Batistuta, pasaron por el aro. Sin el mejor mediocentro del Mundo, Argentina tuvo un papel paupérrimo en el campeonato y muchos se acordaron de la injustificable ausencia de Redondo.

A finales de 1998 el Real Madrid ganaba la Copa Intercontinental en Tokio y el siguiente titulo como madridista no llegaría hasta el año 2000, cuando el Real Madrid lograba de nuevo la Champions League, esta vez tras doblegar en la final al Valencia de Héctor Cuper por un claro 3 a 0. El conjunto dirigido por Del Bosque no era favorito en la final, y ni tan siquiera partía como candidato al inicio de la competición, y menos cuando Fernando Hierro, jefe de la defensa, se lesionó. Pero Vicente Del Bosque reorganizó el equipo, jugando con una línea de cinco defensas, con Helguera de líbero, junto a Iván Campo y Karanka, más los laterales Salgado y Roberto Carlos. En el centro del campo Redondo actuaba de único mediocentro con Savio y McManaman de escuderos, y Raúl y Morientes como delanteros. El conjunto merengue fue pasando rondas hasta plantarse en la final y ganarla de forma contundente ante el conjunto che. Pero si por algo es recordada esa Champions no es por la final, ni porque en semifinales el Madrid eliminara al Bayern alemán. Si por algo se recuerda esa Copa de Europa es por el partido de vuelta de cuartos de final en Old Trafford.

El sistema de 5 defensas liberaba a Redondo de labores defensivas y le permitía más alegrías en el apartado ofensivo, y en Manchester dio buena cuenta de ello. El Real Madrid ganó por 2 a 3 en un estadio donde el equipo local no conocía la derrota desde hacía más de una temporada y además era el vigente campeón de Europa. Fue la noche de Raúl, con doblete. Del jovencísimo Casillas. Pero, sobre todo, de Redondo. El argentino protagonizó una de las mejores jugadas del torneo, haciéndose un autopase de tacón bajo las piernas del noruego Berg y dando un pase de gol a Raúl, que convirtió el tercer gol del Madrid y sentenciaba la eliminatoria en el minuto 52. El Madrid acabaría ganando el campeonato y Redondo sería elegido el jugador más valioso de la competición de ese año.

Lamentablemente aquella final ante el Valencia sería el último partido como madridista de Redondo. Florentino Pérez llegó a la presidencia del Madrid ese año con Luis Figo en el bolsillo. Como Redondo había apoyado en las elecciones a Lorenzo Sanz, su rival, no dudó en deshacerse de él con destino a Milán. En el conjunto rossonero las lesiones siguieron siendo una constante y le fue imposible desplegar su potencial. Durante el periodo de inactividad y demostrando una vez más su elegancia y sus principios, Redondo renunció a su sueldo. En 2002 consigue volver a los terrenos de juegos y en 2003 visita el Bernabéu como jugador milanista. El coso blanco y sus ex compañeros le brindan un homenaje del que había sido privado por Florentino Pérez. Esa temporada el cuadro italiano acabaría logrando la Copa de Europa, aunque poco pudo contribuir Redondo, que un año después, y por culpa de las lesiones, anunciaría de forma definitiva su retirada de los terrenos de juego.

A pesar de sus lesiones, la influencia de Redondo en sus equipos fue notable, tanto dentro como fuera de los terrenos de juego. Y sus cualidades futbolísticas lo convierten en un futbolista único, por su buen hacer en el apartado defensivo y táctico, pero sobre todo por la exquisitez y elegancia de sus movimientos, con y sin balón. Eso le permitía jugar y hacer jugar a sus compañeros…

 

Por @raulicoblantons.

 

 

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