Adiós a los mitos

Ante la muerte de Lou Reed y las despedidas que ya preparan The Who y Mötley Crüe, advierte un amigo mío (con socarrona tristeza) que no hay relevo. Que las grandes bandas que atronaron sus oídos en su época de juventud se extinguen sin dejar herederos. Yo creo que exagera. Aunque la melancolía resulta inevitable… Por David Acosta.

Se avecinan tiempos difíciles. Y no estoy hablando de crisis económica. ¿Crisis de referentes musicales? Tal vez. El caso es que en los próximos dos-tres años vamos a vivir (de forma inexorable) el final de bandas y artistas cuyas canciones han marcado la existencia de unas cuantas generaciones. La cuenta atrás ha comenzado. En los últimos días hemos sufrido la muerte de Lou Reed y el anuncio de próxima retirada de grupos tan míticos como dispares entre sí, The Who y Mötley Crüe. Diferentes circunstancias y un mismo resultado: adiós para no volver.

Vale, habrá quien diga que lo mejor de estos artistas pasó hace mucho tiempo (en el caso concreto de los Who, Keith Moon y John Entwistle hace años que residen en el celestial Olimpo del Rock). Pero no deja de ser simbólico y sintomático que grupos que han residido de forma permanente en nuestro subconsciente musical comiencen a anunciar su jubilación definitiva. La edad, los achaques, las enfermedades y la muerte son enemigos imbatibles. Fin de ciclo, como dirían los cronistas deportivos.

Hace unos días me encontré con un amigo por la calle. Tan “optimista” como siempre, va y me suelta: “Vas a tener que cerrar el chiringuito (en alusión a Genetika), te quedas sin héroes”. Y el muy desgraciado lo decía completamente en serio (con sonrisa burlona, eso sí). Su teoría es que no hay relevo, que las bandas y artistas actuales no son capaces de enganchar como lo hicieron los ahora abueletes.

No estoy de acuerdo. Sin dejar de reconocer la tristeza que me invade al comprobar cómo van desapareciendo (real o metafóricamente) mis ídolos de juventud, me niego a creer en el agujero negro al que alude mi (a pesar de todo) querido y agorero amigo. La renovación se produce cada día, porque el arte continúa entre nosotros. Otra cosa son los mitos…

Este negocio musical tan cambiante y confuso que nos ha tocado vivir ha hundido los mecanismos de idolatría. Para la inmensa mayoría de artistas (al menos en lo que al rock se refiere) se acabaron las ventas millonarias, las canciones pioneras, la mercadotecnia globalizadora de las discográficas, el aislamiento en mansiones de lujo… Ya nada es como antes. Pero no cometamos el error de confundir misticismo con talento. Lo primero sin lo segundo no puede existir. Pero lo segundo sin lo primero es cada día más frecuente.

Se nos van los mitos. Pero a nuestro alrededor sigue habiendo artistas. Tan sólo es cuestión de salir a su encuentro…

Por @genetikarock.

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2 Respuestas a “Adiós a los mitos”

  1. Daledebil dice:

    Pues el caso es que temo tener que estar de acuerdo con tu agorero amigo. Y es que no es un problema de creatividad, ya que, como apuntas, artistas hubo, hay y habrá, sino de que los artistas alcancen esa talla necesaria para que caminen a tu lado, para que sean compañeros de viaje y no sólo mojones perdidos que escuchas desairadamente en la radio del coche o en el mp3 con las últimas canciones que alguien te ha pasado.
    Lo siento, ya no hay referentes. Hace poco veía una lista de los mejores discos de 1973 (podría ser cualquier otro año)… Neil Young, Who, Pink Floyd, Led Zeppelin, Elton John, Genesis, Bowie…
    Que alguien mire una lista de los mejores de, no sé, el año pasado, sin ir más lejos (Tame Impala, Kendrick Lamir, Beach House, FRank Ocean, Grizzly BEar, Cloud Nothings….¿es necesario seguir?.
    No se, cualquier comparación es odiosa pero creo que, en este caso, es evidente. Nadie se acordará de casi nadie de estos músicos dentro de 30 años porque casi nadie se acuerda de ellos ya. No forman parte del paisaje de casi nadie, más allá de una manera anecdótica.
    Los que crecimos con los grandes nombres de los 60 y 70 formamos parte de una generación particular, porque nunca antes, ni después, se ha producido tal simbiosis entre música y eso que se llama “vida privada”. Nunca los músicos han acompañado de forma tán íntima y duradera nuestras vidas.
    Para los jóvenes de hoy, como para los jóvenes de los años 40 o 50, la música era algo marginal, un simple pasatiempo que les acompaña mientras hacen otras actividades, que les sirve para pasar un buen rato en un concierto o para bailar en la disco, pero no forma parte de sus vidas como formaba de las nuestras.
    La mitomanía y la idolatría eran tan sólo un reflejo de esa importancia. Fué algo irrepetible que no volverá a tener lugar (al menos en lo que se vislumbra).
    El pasado domingo falleció Lou Reed y yo, sin ser un irredento fan suyo, lo sentí como si se hubiera muerto un familiar querido, alguien que estaba siempre ahí. ¿De verdad, alguien cree que dentro de 30 o 40 años, alguien llorará la muerte de los miembros de Beach House, por ejemplo?. Probablemente no, porque, entre otras cosas, éstos llevarían ya más de 20 años trabajando en una agencia inmobiliaria o en una oficina de seguros.

  2. Jopé.
    Pues casualidad, o lo que sea…
    La muerte de Lou Reed también me inspiró un micro-artículo-reflexión muy cercano al que habéis escrito en vuestra página.

    Está aquí, en una web modesta de conciertos y música en directo que hemos montado un colega y yo.
    http://enprimerafila.es/es/lou-reed/
    Por si no queréis entrar, estoy de acuerdo en que la renovación generacional NO se va a producir porque ya no hay bandas/artistas de categoría, y no se trata de nostalgia ciega.
    Ojalá me equivoque y lleguemos a disfrutar de nuevos artistas en el futuro cercano, pero me extraña.

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