Cinedrome Vintage | ‘Alta Fidelidad’

Hoy tenemos en la parrilla un clásico que como hacienda hace con nuestras cuentas, vuelvo a revisar cada año. Un cóctel de humor, amor, situaciones bochornosas, buena música y lecciones de vida que recuerda a los espíritus atormentados que tragedia más tiempo siempre es igual a comedia… Por Vic Alonso.

Rob Gordon es el propietario de una tienda de discos en bajas horas que lleva junto con dos amigos frikis y snobs, aportando más pasión y entrega a la música que a la rentabilidad del negocio. Si las cosas no marchan bien en el trabajo, todo se viene abajo para Rob cuando su novia Laura decide marcharse de casa y darle el palo con otro tío…

Basada en una novela de Nick Hornby y llevada al cine magistral y fidedignamente por Stephen Frears (‘Las amistades peligrosas’, ‘Los amigos de Peter’), esta película del año 2000 se ha convertido en todo un clásico a la fuerza, y el secreto es su frescura y honestidad, sus diálogos brillantes y sobre todo la capacidad de empatía que logra con el espectador. El personaje de Rob Gordon interpretado como si hubiera nacido para ello por el gran John Cusak (apoyado por un estupendo Jack Black como amigo colgado), se presenta como un complejo y a la par predecible estereotipo de tipo estancado y neurótico al que todas sus relaciones le han salido mal. Basándose en la manía del mismo en hacer listas de canciones para cada situación, la película nos va mostrando mediante oportunos flashbacks todas las relaciones calamitosas que Rob ha sufrido en su vida, y como a modo de absurda búsqueda del ‘’¿por qué soy tan pringado?’’, trata posteriormente de reencontrarse con ellas para encontrar respuestas a su última ruptura.

¿Quiere un disco de Stevie Wonder para su hija? ¿Su hija está en coma?

Tres entrañables perdedores.

Ingrediente fundamental e hilo conductor de la trama es la genial BSO plagada de clásicos del rock, pop y soul como Marvin Gaye, Bruce Springsteen, Elvis Costello , Love o Bob Dylan. Por no hablar de la infinidad de referencias, chascarrillos y discusiones musicales continuas llevadas a cabo por los personajes, que hacen del sonido del vinilo su razón de vivir (desgraciadamente, la única). La veneración y el respeto por la música están presentes durante todo el metraje, y el uso de cada canción para acompañar las situaciones y estado de ánimo del protagonista es sublime.

El amor en tiempos del rock n’ roll…

“Los que han sufrido por amor y han hecho el canelo, entenderán el mensaje y disfrutarán de esta pequeña gran obra”

Partimos de la premisa de que todo momento de la vida tiene su canción y eso permanece siempre inmutable y nuestro, pero al igual que las canciones, pueden ser momentos tristes, triunfales, desenfrenados o íntimos. Durante toda la película, Rob sufre y se tortura como monje en penitencia, con comportamientos egoístas y patéticos de esos que no se borran ni en cinco vidas y rozan la caricatura personal, pero también disfruta de situaciones de esas en las que le faltan manos para que le feliciten y de pequeñas batallas personales ganadas que le hacen más fuerte para una guerra que aunque sabe que a priori está más que complicada, no se puede perder. Y en esto reside el gran mérito de ‘Alta Fidelidad’, en sentirnos identificados en mayor o menor medida con esas vivencias. Tanto que cuando acaba la película, un sabor agridulce nos embriaga y nos damos cuenta de la importancia que tiene el valor de ser nosotros mismos a pesar nuestro y de la trascendencia dramática que otorgamos a cosas que a otros les harían descojonarse por los suelos durante horas. Los que han sufrido por amor y han hecho el canelo, entenderán el mensaje y disfrutarán de esta pequeña gran obra. El resto, deberían volverse de inmediato a Marte…

http://en.wikipedia.org/wiki/High_Fidelity_(novel)

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