Big Bang Elvis

Lo dijo John Lennon: “Antes de Elvis no había nada”. Y probablemente tenía razón. Sí, había música y había artistas. Pero El Rey lo cambió todo. Él y sólo él provocó la gran explosión, el Big Bang creador de nuevos y eternos horizontes. Hace 36 años que Elvis se marchó. ¿Se puede sentir nostalgia de una época no vivida? Parece que sí… Por David Acosta.

El pasado 16 de agosto se cumplieron 36 años desde la muerte de Elvis Presley. Excusa más que suficiente para traerle a esta columna. Porque de hecho estos artículos (y esta página web en general) se redactan gracias a su genio y figura. Imposible imaginar qué sería del rock si no hubiera tenido un monarca (de los de verdad, no de los dinásticos) como él.

Vaya por delante que éste que os escribe tenía dos años de vida cuando Elvis falleció allá por 1977. Pero la música es un virus que se transmite con extrema facilidad (incluso de generación en generación si a tu padre se le ocurre poner, qué sé yo, “In The Ghetto” en el viejo radiocassette del coche cuando sólo eres un mocoso). Y una vez escuchada su voz, ya no había escapatoria posible…

Tanto se ha dicho, se dice y se dirá sobre su majestad que no tengo intención de alargarme en exceso. Estas líneas se engloban más bien en el ámbito de la terapia personal. Un desahogo ante la frustración de no haber disfrutado en primera persona (y como diría aquel, en vivo y en directo) de aquel reinado que todo lo cambió. La primera gran superestrella del rock, la que modificó los párametros musicales de su época (un magistrado de Florida le calificó una vez como un “salvaje que estaba socavando a la juventud con sus canciones”), tan brillante que volvía locas a las mujeres con su mirada, sus movimientos de cadera y su inigualable capacidad vocal al mismo tiempo que asumía con naturalidad (y excesos) su condición de icono.

Sí, Elvis también marcó el camino a seguir para todas aquellas almas descarriadas convertidas en figuras de la música que después se entregan al innoble arte de la autodestrucción (rápida o lenta, eso ya depende del sujeto en cuestión). Pero incluso en la decadencia del abuso y el despilfarro, Elvis nunca dejó de ser Elvis. Es el encanto de los más grandes.

Y creo que ya me estoy enrollando demasiado. Os dejo con un par de fotos de El Rey (un capricho como otro cualquiera) y un vídeo que me vuelve peligrosamente loco y primitivo: el tema “Suspicious Minds”, interpretado por Elvis en uno de sus múltiples conciertos en el International Hotel de Las Vegas. Año 1970. Épica actuación. Voz esplendorosa, movimientos felinos (ejercicios gimnásticos incluidos), improvisación, sudor y sonrisa al ritmo de frenéticos bajo y batería.

En una bendita palabra: Rock.

Por @genetikarock.

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