Bilillo | “Creo que he vuelto en el momento adecuado”

Juan de Pablos definía como “pop crispado” el estilo de Los Santos, la banda que José Ignacio Dermit Campos, ‘Bilillo’, capitaneó en los 80 e intentó revivir después. El bilbaíno prefirió que sus nuevos temas se doraran a fuego lento y así es como conocimos ‘Vago’ y el recién horneado ‘El Sur de Armenia’. Hablamos con el ‘cocinero’. Por Mónica S. Gato.

Inevitable. Si te sumerges en ‘El Sur de Armenia’, entenderás a esas personas que ilustran cualquiera de sus vivencias con un capítulo de ‘Los Simpson’. Y es que, aunque Bilillo no pretenda ejercer de lazarillo, las palabras que esparce por sus temas se ganan el calificativo “sagradas” para el que permanece a su vera. Y a mí, que estaré ausente en el concierto de presentación del disco (día 12; Teatro Campos de Bilbao), me pasa como a Bart cuando su padre le sancionó con el insufrible castigo de no acudir al estreno de ‘Rasca y Pica’; se me ponen los ojos tristes. Pero el remedio reside en su música. Siempre que los nubarrones acechen, haz que suenen sus canciones y dos segundos después del primer acorde, escampará. No falla. Él hace posible que nieve en el infierno y construye un paisaje rebosante de reflexiones. Todo eso, amarrado a su guitarra, la que abraza tras impartir lecciones junto a una pizarra. Profesor de día y líder de Los Sullos al morir la tarde (como otros superhéroes llamados Gregg Graffin o Art Garfunkel), Bilillo nos coge de la mano para enseñarnos los sonidos que mamó en el pasado y sus emociones actuales. Agarraos. 

-¿Qué hallamos en estas 13 joyas de ‘El Sur de Armenia’? ¿Más dudas que respuestas, más contradicciones que afirmaciones…?

-Me temo que sí. No hago ciencia, filosofía ni manuales de autoayuda, sólo canciones, y las canciones, como toda lírica, tienen que sugerir más que mostrar, abrir la imaginación más que emitir opiniones contundentes, acariciar la realidad más que definirla.

-Errol Flynn, ese golfo con encanto, danza con las polainas verdes de ‘Robin de los Bosques’ por dos de los temas de este disco, ‘Un rock and roll en latín’ y ‘La radio en la noche’. ¿Qué tiene el australiano que no tengan otros para que Bilillo le reserve espacio en sus textos?

-Errol Flynn, o sea, Robin de los Bosques, era para mi alma infantil la encarnación de lo máximo a lo que podía aspirar un ser humano: el valor, la generosidad, el ingenio y la fuerza del héroe, mezclados con la ligereza, el descaro y la ironía, sin ninguna de las cualidades desagradables que suelen tener los triunfadores ceñudos o los antihéroes desengañados que pueblan las películas y novelas adultas. Es uno de mis iconos pop fundamentales. Si lo pienso, es una devoción muy parecida a la que sentía (y siento) por los Beatles, que tenían mucho de lo mismo: triunfo glorioso, simpatía innata, milagrosa capacidad para parir con insultante facilidad docenas de canciones prodigiosas cada semestre, ninguna solemnidad….

-‘Subiendo lentamente al cielo’, otro de los cortes más destacados de este trabajo, contiene esta frase: “A veces me acuchilla el pasado”. ¿Las personas disponemos de medios para vencer el pasado o se antoja una lucha imposible?

-No sé si se puede generalizar. En mi caso, sólo puedo decir que la mejor manera de amortiguar las cuchilladas del pasado es procurar ser feliz en el presente. (Dios mío, parezco un libro de autoayuda de editorial desconocida).

-Cuéntame qué han aportado cada uno de tus “Sullos” a este álbum. ¡Y ese cameo de Francis Díez (Doctor Deseo) con “Tierras Baldías”!

-La verdad es que fue una gozada de grabación, tanto que el proceso mismo fue la mejor recompensa que me puede dar el disco. Todos los participantes, sin excepción, aportaron lo esencial: eficacia, sentido del humor y una implicación solo posible en amigos de verdad. Individualizando: Edu Basterra arregló exquisitamente todas las canciones, lideró la producción y tocó el bajo y la guitarra en todos los temas con su habitual elegancia. Juan López, además de tocar la guitarra estupendamente, aportó una solución clave a un grave bloqueo que tuvimos en la canción-emblema del disco (“El Sur de Armenia”) y eso provocó un cambio en el espíritu de la grabación, que a partir de entonces fue como la seda. En los comentarios que he escrito en mi web (www.bilillo.com) sobre cada canción cuento la escena, que merece la pena. Ellos son los Sullos propiamente dichos. Además, intervinieron brillantemente tres de los antiguos Santos (Carlos Miguel a la batería en seis canciones; Alberto Arzúa, guitarra principal en tres; Jose López Iturriaga con su exquisita acústica y su Rickembaker); Leyre Labraza, frescura vocal en “Subiendo…” y Aritza Castro, en la batería de siete canciones, sin olvidar la invalorable artesanía de Saúl Santolaria en la parte técnica y la participación de mi amigo Santi Plágaro inmortalizando la fiesta con sus fotos y haciendo, como suele, la función de madre del artista (yo). En cuanto a Francis, todo generosidad y garra, como siempre (creo que acerté con la canción que elegí para él).

Estampa de familia de Bilillo y los Sullos. Foto: Lourdes Poveda.

-Damos por hecho que ‘El Sur de Armenia’ es obra de una buena dosis de dedicación. Cuando echas un vistazo al resultado, ¿piensas que Alegría y Felicidad han vuelto por fin de comprar tabaco, al contrario que ocurre en el tercer corte del álbum? ¿Sientes eso: alegría y felicidad? ¿El producto es idéntico al que merodeaba por tu cabeza antes de entrar en el estudio?

-El producto ha resultado mejor de lo que me podía imaginar. Estoy tan feliz con el resultado como con el proceso de grabación, y las reacciones están siendo tan entusiastas que estoy empezando a creer que no es sólo el orgullo de padre el que me hace ver con tan buenos ojos a la criatura.

-Los Santos se disolvieron a mediados de los 80 tras la irrupción del rock radical vasco. ¿Todo ha ocurrido como debía en tu carrera musical o crees que te tomaste demasiado tiempo para volver a la carga?

-Creo que he vuelto en el momento adecuado. En los 90 hice un intento de resucitar a Los Santos que me demostró que no estaba preparado para aportar algo fresco. La cantidad de horas en solitario que he metido desde entonces (con sus gozos y sus sombras, que es parte de lo que cuento en la primera canción del disco) es lo que me ha permitido madurar como compositor e intérprete (o eso creo).

-En aquellos años tuvisteis la oportunidad de telonear a los Kinks y Tina Turner. Casi nada. ¿Cómo recuerdas aquello?

-Telonear a los Kinks, nuestro arquetipo ideal de grupo de rock, fue uno de los momentos cumbre de mi vida. Sin lugar a dudas, el mejor concierto al que he asistido en mi vida. Ray Davies lo dijo: “Lo que damos en escena nosotros, los Who o los Stones no lo puede dar nadie más porque nosotros inventamos esto”… y por Cristo que era verdad. En cuanto a Tina, aluciné con su profesionalidad americana (las estrellas no lo son porque sí). El piso del escenario estaba tan resbaladizo (sirimiri, Bilbao, aire libre) que no podías moverte sin riesgo de caída irremediable. Pues bien; aquella mujer de cincuentaytantos, calzada con tacones de aguja, ¡no paró de bailar salvajemente en toda la actuación! Después vi cómo sus guardaespaldas la llevaban peliculeramente en brazos al camerino, totalmente exhausta.

-¿Concibes la creación musical alejada de la autobiografía? ¿Uno llega a conocerse mejor cuando escribe?

-Toda canción es autobiográfica. Hables de lo que hables, siempre es tu perspectiva única la que se expresa. Lo de conocerse es discutible, pero sí que es cierto que al escribir afloran a veces aspectos insospechados de tu alma.

-Bruce Springsteen suele manifestar que Elvis liberó su cuerpo y Dylan, su mente. ¿Quiénes son los genios que se reparten tales honores en tu caso?

-En primer y destacadísimo lugar, los Beatles: tengo grabado el momento, a los diez años, cuando mi hermano puso en el tocadiscos el EP de ‘A Hard Day’sNight’. Me quedé clavado, nunca me he recobrado de aquella sensación. Después llegaron muchos otros (Kinks, Costello, Nick Lowe…), pero esa es mi epifanía musical básica. En cuanto a letras (pero sin descuidar jamás la melodía) fueron ya en la adolescencia avanzada Dylan y Cohen, claro.

-¿Has modificado esas referencias en los últimos años? ¿Qué grupos o solistas te emocionan ahora?

-No sé si es prejuicio de viejo, pero la mayoría de grupos actuales me emocionan a cuentagotas, sin la continuidad exigida para hacerme fan. Mis últimas devociones son Ryan Adams (sus primeros discos son obras maestras) y Lucinda Williams, que es mayor que yo pero no la descubrí hasta hace muy poco.

-Parece que todo el mundo quiere a Ryan Adams. Bilillo, también (un aplauso para esa versión de ‘Oh, my sweet Caroline’). Stephen King dijo alguna vez que este ‘enfant terrible’ del rock americano era el mejor autor de temas después de Neil Young. ¿Estamos de acuerdo? ¿Qué sientes al escuchar sus composiciones?

-Lo primero que pensé cuando escuché su primer disco fue: “Por fin, otro que sabe hacer canciones perfectas”, o sea, esa conjunción de melodía, letra e interpretación que te derrite, que te obliga a repetir la escucha, que te enamora.

-Y ya que Stephen King nombra a Neil Young… Para el canadiense “los compromisos son una de las peores cosas del negocio discográfico. Resultan muy molestos”. Si te concedieran poder, ¿qué alterarías del engranaje musical actual?

-Soy demasiado perezoso para pensar en esas cosas. La verdad es que he tenido muy poco contacto con tales engranajes. En los 80 todo era muy casero, y en la actualidad me autoedito.

Bilillo, clase y estilo. Foto: Lourdes Poveda.

-¿Qué dicen tus alumnos sobre tu música?

-Aunque la mayoría tienen muy poca cultura rockera, son muy abiertos musicalmente, y muy amables. Yo creo que lo que les gusta es que su teacher sea músico.

-¿Qué enigma de la vida te gustaría descifrar en tus canciones?

-La verdad es que cada vez estoy más conforme con el carácter esencialmente misterioso de la vida.

-¿Existe una receta para elaborar un buen tema? ¿El dolor se antoja la sal de toda canción o no lo consideras un ingrediente necesario?

-No hay recetas. Es algo que supera tu voluntad consciente. Y creo que la alegría puede ser una fuente de inspiración tan fuerte como el dolor, como se ve en la explosión pop de los 60.

-Cantas en ‘La posada de la muerte’, uno de los temas del anterior disco, ‘Vago’: “El camino está delante; nadie sabe dónde va”. ¿Hacia dónde te gustaría que fuera tu trayectoria a partir de este momento?

-No tengo una aspiración concreta. Me conformaría con tocar de vez en cuando en alguna que otra ciudad, a poder ser ante más de 20 personas, y tener los medios para grabar otro disco en un par de años (tengo unas cuantas melodías esperando angustiadas a que les ponga letra).

Bilillo, siempre a cara y corazón descubiertos. Foto: Lourdes Poveda.

-¿Te divisas envejeciendo en un escenario como Little Richard o Chuck Berry?

-Dado que el escenario es lo que más me hace gozar, nada me gustaría más.

-En otra de las canciones de ‘Vago’, ‘El descanso del camellero’, escuchamos: “Aquí fuera el miedo es serio”. ¿Hay algo a lo que le tema Bilillo?

-Podría hacer un listado bastante largo, pero me limitaré a un miedo muy propio de los que hemos vivido en el País Vasco en lo últimos 50 años: el miedo a la estupidez asesina de los fanáticos.

-Decía Dylan que si no fuera Bob Dylan “querría ser Leonard Cohen”. ¿Y si Bilillo no fuera Bilillo?

-Si no nos adentramos en el territorio de la ficción, me gustaría haber sido Ray Davies, mi figura ideal del songwriter eterno.

-Elige una canción de la historia de la música; la suprema, la única, la tuya (y desvélanos por qué).

-Podría pasar años pensándolo. En mi mente se agolpan demasiadas, y todas con muy buenas razones. Así, de primer impulso, me sale ‘Sad-eyed Lady of the Lowlands’, de Dylan, considerada por mí la mejor canción de amor de todos los tiempos… pero ya están protestando por detrás ‘Waterloo Sunset’, ‘Famous Blue Raincoat’, unas 25 de los Beatles… y tantas otras que dentro de unos minutos me harán pensar: “¿Por qué no habré puesto ésta?”

-Y si tuvieras que firmar la banda sonora de una película… ¿Cuál sería la adecuada para tu música?

-No pierdo la esperanza de que algún joven director genial y atrevido responda a esa pregunta algún día.

-¿Por qué merece la pena continuar en este negocio ruinoso que es la música?

-Porque es droga dura. Si eres músico en el alma, no lo puedes evitar.

-Existe una película, ‘The Music Never Stopped’, cuyo protagonista, enfermo de un tumor cerebral e incapaz de distinguir entre el pasado y el presente, reacciona solamente ante la música que solía escuchar, especialmente la de su grupo favorito, The Grateful Dead. ¿Cuáles son los poderes de la música para Bilillo? ¿Crees que puede cambiar la vida de las personas?

-A nivel colectivo, es evidente que la música no tiene hoy la influencia decisiva que tuvo en los 60, los 70, e incluso los 80, pero a nivel individual claro que puede zarandear, aquietar, descubrir y dar sentido. Somos muchos los que pensamos, como Nietzsche, que sin música la vida sería un error.

Por @monipennyta.

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2 Respuestas a “Bilillo | “Creo que he vuelto en el momento adecuado””

  1. Fede dice:

    Me ha entusiasmado, roza la genialidad , y la entrevista es muy buena ,tanto a nivel de entrvistador como Bilillo, mi enhorabuena a los dos.

  2. […] entrevista que Mónica Sánchez Gato le hizo en genetikarock (que puedes leer íntegra aquí), Bilillo hablaba de Errol Flynn (que aparece citado en dos canciones del disco El Sur de […]

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