Bud Spencer | Más allá de los mamporros

budcuadroLa historia del cine tiene parejas memorables y fácilmente reconocibles como la formada por Bud Spencer y Terence Hill, coprotagonizando 19 películas. Spencer tenía una barba inconfundible y una barriga prominente gracias a sus más de 120 kilos que, unidos  a sus casi 2 metros de estatura, convertían a sus mamporros, tan comunes en sus películas, en temibles. Este pasado lunes, a sus 86 años de edad, nos dejaba uno de los actores más carismáticos del Spaguetti Western… Por Raúl Piñeiro.

Carlo Pedersoli nacía en Nápoles el 31 de Octubre de 1929. Creció en medio de la guerra y los bombardeos que asolaban Nápoles y por ese motivo sus padres decidieron irse primero a Roma y después  a Sudamérica. Carlo, que había iniciado la carrera de Química en la Universidad de Roma, pasaría por Montevideo (Uruguay) o Recife (Brasil), antes de regresar a su Italia natal para centrarse de pleno en la natación, ya que en los Mundiales de 1948 se proclamó campeón Mundial.

De 1949 a 1956 fue siete veces campeón italiano en los 100 metros libres. Su físico le propició un papel como extra en la película ‘Quo Vadis?’ (1951), donde interpreta a un soldado romano, aunque sin decir ni una sola palabra. Como nadador representó a Italia en los Juegos Mediterráneos de 1951 (ganando dos medallas de plata), en los Juegos Mediterráneos de 1955 (ganando la medalla de oro con el equipo italiano de waterpolo), en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956 y en los Juegos Olímpicos de Roma 1960, siendo semifinalista en Helsinki y en Melbourne con el equipo de waterpolo.

En 1957 Pedersoli retorna a Sudamérica y trabaja en la construcción del tramo Venezuela-Colombia de la carretera Panamericana San Cristóbal – La fría, para posteriormente pasar a formar parte de una concesionaria de autos de Caracas hasta 1960. Estas idas y venidas de Sudamérica le hacen hablar con fluidez el castellano y también el portugués. Y es que aparte de sus indudables cualidades como deportista, tenía una inteligencia superior al resto, como demuestra el hecho de que iniciara sus estudios universitarios de forma prematura o que hablara hasta 6 idiomas de forma fluida. No terminó sus estudios en Química por culpa de su emigración a Sudamérica, pero sí acabaría Derecho, con la que obtuvo el doctorado, aunque nunca ejerció, además de licenciarse en Sociología.

 

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Bud Spencer, vaso en mano y junto a su inseparable Terence Hill. Vaya par de dos.

 

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El todavía Carlo, a la izquierda de la foto, en los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952.

 

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Bud y su libro de memorias. Una vida de película y exprimida al máximo.

Con el film ‘Dios perdona… yo no’, inició una relación de amistad con Terence Hill que en lo profesional dejó casi una veintena de películas, muchas rodadas en tierras almerienses

Tendría otras incursiones cinematográficas durante la década de los 50, todas como extra y aun sin su nombre artístico, que le hicieron plantearse una carrera como actor, ya que había disfrutado mucho la experiencia y descubrió que le fascinaba el mundo del cine. Su boda en 1960 con María Amato, con la que tuvo tres hijos (Giuseppe, Christine y Diamante), seria clave a la hora de lanzar su carrera como actor, ya que su suegro le sugeriría usar un nombre artístico, de más gancho, para abrirse hueco en la industria. Carlo elegiría Bud Spencer en homenaje a su cerveza preferida, la Budweiser y su actor favorito, Spencer Tracy.

No tardaría en llegarle su primera oportunidad. Con ese nombre protagonizó con el también actor italiano Terence Hill, la película ‘Dios perdona… yo no’ (1967). A partir de ahí, iniciarían una relación de amistad que en lo profesional dejó casi una veintena de películas desde finales de los 60 a principios de los 80, muchas rodadas en Almería, siendo su primer gran éxito ‘Le llamaban Trinidad’, película del año 1971. El dúo formado por Hill y Spencer basaba la receta de su éxito en la dualidad en los personajes, fundamentada en la fuerza expeditiva y acción directa de Bud frente al audaz y manipulador Terence.

El puñetazo vertical era su golpe más característico, dada su envergadura. Siempre parecía que estaba clavando al adversario en el suelo. Bud Spencer era un auténtico maestro en esa técnica, así como del tortazo lateral, a mano abierta, y el choque de cabezas. Lo curioso es que Spencer siempre dijo que no le gustaba la violencia, pese a que explotara ese lado, siempre sin perder de vista el humor, en sus actuaciones.

No obstante, Bud Spencer nunca se vio a sí mismo como una estrella del cine. “Yo no soy actor. Terence Hill sí que es actor, porque él estudió, incluso había trabajado antes de conocerme en, por ejemplo, El Gatopardo”, decía Spencer en una entrevista. “Ese es el motivo por el que nunca hemos discutido, pese a que todas las parejas del cine lo hacen. Él actuaba; yo simplemente curraba. Rodaba tres películas al año tratando de aprender siempre algo de cada una”. Así crean y se especializan en un subgénero de spaguetti western que antepone la comedia y los mamporros a la violencia y los tiroteos. Ambos trabajarían juntos hasta 1994, cuando rodaron la película ‘Y en Nochebuena… ¡se armó el Belén!’. A ambos, en 2010, les concedieron un premio David Di Donatello honorífico en reconocimiento a su trabajo.

Además del cine, Spencer se dedicó a otros negocios con los que probó fortuna. Era dueño de una compañía aérea llamada Mistral Air, especializada en turismo religioso y que traspasaría posteriormente al servicio postal italiano. Su interés por la aviación comenzó mientras rodaba ‘¡Más fuerte, muchachos!’ (1972), en la que ejercía de piloto. Tras rodar la cinta obtuvo los títulos de piloto de avioneta y de helicóptero. También tuvo una empresa de confección de ropa infantil y probaría suerte en el mundo de la política de la mano de Silvio Berlusconi en 2005, cuando se presentó a las elecciones regionales celebradas en Lazio en 2005, aunque no tuvo éxito. Otra faceta menos conocida fue la de cantante y compositor de algunas de las películas donde participó como actor y también compuso varios temas para algunos de los cantantes más populares de los años sesenta.

Un hombre polifacético, con un cerebro privilegiado y una vida fascinante cuyas memorias se encargaría de recoger él mismo en su libro en 2011 titulado ‘Mi vida, mis películas’. Este lunes, con 86 años de edad y rodeado de los suyos, fallecía en Roma. La noticia pilló por sorpresa y los homenajes no se han hecho esperar. Sus películas son su legado y mantienen vivo el recuerdo del grandullón bonachón más famoso de la historia del cine…

 

Por @raulicoblantons.

 

 

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