Bunbury y su “Licenciado Cantinas” conquistaron Almería

Tras 7 largos años de espera, Enrique Bunbury regresó a tierras almerienses para hacer lo que mejor sabe: deleitar a su público con un gran recital. En la piel de Licenciado Cantinas y acompañado por Los Santos Inocentes, el zaragozano nos presentó algunos de los temas que componen su último disco, además de hacer un breve (pero intenso) viaje por sus anteriores trabajos. Por Maribel García.

Lugar: Pabellón Rafael Florido (Almería).
Fecha: 24 de enero de 2012.

Para sorpresa mía, a falta de 30 minutos de la hora señalada la gente iba llegando con cuentagotas al Rafael Florido. Nada de colas ni esperas para entrar al recinto. Fechar un concierto entre semana es lo que tiene. Conforme se acercaba el momento, gente de todas las edades y condiciones fueron llenando las primeras filas. Un público numeroso (aunque no masivo) esperaba impaciente la llegada de su ídolo
Con tan solo 5 minutos de retraso Los Santos Inocentes ocuparon sus posiciones en el escenario, ante una audiencia expectante… ¡Comienza el show!
La canción instrumental “El mar, el cielo y tú” es la encargada de romper el hielo. Acto seguido Bunbury salta al escenario con “Llévame”.


Antes de seguir con el repertorio el aragonés errante quiso disculparse con los allí presentes por el aplazamiento del concierto, y en especial con toda la gente que debido al cambio de fecha no pudo asistir: “Los virus no entienden de fines de semana. Pero vamos a pagarles con creces las molestias”.

Una vez aceptadas las disculpas continuaron con “Irremediablemente cotidiano”, tema perteneciente al álbum “Hellville Deluxe”. Aún quedaban por delante dos horas de espectáculo pero mi tema favorito de “Licenciado Cantinas” no se hizo de rogar:

Para los más nostálgicos que las aclamadas “Alicia” y “Lady blue” no acudieran a la cita fue algo imperdonable. Quién sí hizo acto de presencia fue “La señorita hermafrodita“, eso sí, algo cambiada (y desmejorada) a mi parecer.

Enrique Bunbury supo jugar muy bien sus cartas al enlazar uno de sus temas más populares, “El extranjero”, con “Ódiame”, el primer single de “Licenciado Cantinas”. No le resultó difícil meterse a la gente en el bolsillo.

Les siguieron más éxitos como “Anidando liendres”, “Sácame de aquí” (tema perfecto para frenar y bajar de revoluciones) o “Los habitantes”:

Después de tomar un poco de aliento la banda volvió a pisar el acelerador con uno de los cortes que forman parte de su último trabajo discográfico. El tema más cantinero, que refleja a la perfección la actitud del Licenciado, “Ánimas, que no amanezca” fue de los más coreados de la noche.

Tras los golpes asestados por el desamor, unas gotas de optimismo con “Que tengas suertecita” y “El día de mi suerte”. Ante el continuo fracaso en los asuntos del corazón el Licenciado buscó el“Sí” del público antes de hacer el primer descanso de la noche, no sin antes presentar a la banda (como es debido y como se merecen), además de presentarse a sí mismo como “El hombre delgado que no flaqueará jamás”:

Si algo destaca en él es la cercanía, tanto con su público como con la gente que le acompaña cada noche encima del escenario. Un tipo agradecido, que sabe cuidar de su banda y les brinda el protagonismo que se merecen. Jorge Rebenaque (al acordeón y teclados) es el responsable de la crudeza y el sabor añejo que destilan las canciones. Ramón Gacías (que lleva con Bunbury desde su primer trabajo en solitario, “Radical Sonora”) se encarga de aportar firmeza y contundencia desde la batería. Jordi Mena, el maestro de las seis cuerdas. Sus solos de guitarra hablan por si mismos. Si hay alguien capaz de hacerle un poco de sombra a Enrique Bunbury encima del escenario ese es Álvaro Suite. Actitud, postureo y destreza a la guitarra. ¡Puro espectáculo! Bastante más discreto Robert Castellanos, definiendo cada una de las canciones al bajo y al contrabajo, aportando un toque de elegancia. Por último Quino Béjar (el nuevo integrante de la banda) a la percusión, encargado de enriquecer con pequeños y sutiles detalles cada composición.

En definitiva, unos impecables Santos Inocentes que ejecutaron a la perfección cada uno de los temas que componían el set-list formado, según el propio artista, por sus canciones más revolucionarias. Sin duda Bunbury vino con ganas de caldear el ambiente y armar un buen escándalo, como dejaba entrever en la canción anteriormente interpretada: “Hay un tema estos últimos días que está dando mucho que hablar: el cierre de Megaupload. Un señor que se dedica a hacer de trilero con las obras que los músicos, la gente del cine, o los señores de Play Station hacemos. Pero creo hay algo mucho más importante que los derechos de autor o que los derechos de mis canciones: la censura encubierta.”

Y Enrique prosiguió: “Os preguntaréis, que hace un tío diciendo estas payasadas encima de un escenario… Pues bien, pienso que todos deberíamos decir lo que pensamos en el momento que queramos. Porque si no lo decimos nosotros, no esperéis leerlo en los periódicos.”

Tras un interesante discurso, el público respondió al unísono con el grito de: ¡Enrique presidente, Enrique presidente!

Con ese espíritu inconformista y soñador que le caracteriza, siguió con “Porque las cosas cambian”. Uno de los momentos más emotivos del concierto y que más hondo caló entre la multitud fue la interpretación de“Infinito”.

Tras un segundo amago de despedida Enrique y Los Santos Inocentes volvieron por última vez al escenario para interpretar “Las consecuencias”. “Y al final” llegó el momento de la despedida.

Cuando empecé a escribir esta crónica quise ser objetiva, pero me temo que cuando hay sentimientos de por medio de poco sirve la objetividad. Mejor dejar que sean los sentidos los que hablen y cuenten lo vivido.

Cada vez estoy más convencida de que la única diferencia entre Dios y Bunbury es que este último sí es real. Enrique Ortiz de Landázuri Izardui, licenciado en cantinas y además con matrícula de honor.
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