Cinedrome | Sólo Dios perdona

Sólo Dios perdona, es una obra maestra de verdaderos extremos, que te hechizará babeante hasta que veas desvanecerse el último título de crédito en pantalla o te hará vomitar y maldecir el día en que decidiste ir al cine y ver esto, en vez de haberte decantado por cenar en un hindú con tu parejita de rigor o acompañado de tu queridísimo I-Phone 5… Por Vic Alonso.

Hoy nos encontramos ante una película diferente, hipnótica, con personajes arquetípicos y de una belleza y lirismo desgarradores. Tras más de un año de espera tras firmar Drive, mi mejor experiencia cinematográfica del 2012, Nicholas Winding Refn, vuelve dispuesto a dar una nueva vuelta de tuerca al cine de género, y nos obsequia sin ningún tipo de miramientos (que tomen nota los gafa pastas y modernos de turno) con una auténtica obra de arte y ensayo.
El brutal asesinato de una niña en Bangkok a manos de Billy, un perturbado mafioso americano local y su posterior ejecución a manos del padre de ésta, hará que estalle una guerra sin cuartel entre Chang, un viejo policía y mito viviente en la ciudad y Julian (Ryan Gosling), hermano y socio de Billy, que presionado por su vengativa madre (Kristin Scott Thomas), recién llegada de Estados Unidos tras el suceso, no se detendrá hasta que finalmente, se haga justicia…

Julian (Ryan Gosling), personaje de extremos en esta historia …

A partir de aquí, todo un recital de selectos y acertados recursos formales se expanden ante nuestros ojos para goce y disfrute del nuestra inquietud cinéfila. Personajes austeros y contenidos, que se mueven como alimañas temerosas por un oscuro pasado, que explotan en el momento más inesperado y que siempre se mantienen al servicio de la trama y su mensaje, como si estuviéramos a caballo entre la rigidez implacable de una tragedia griega clásica y el teatro Kabuki más delirante. Una fotografía de neón pulcra, estilizada e irritantemente perfecta, que recuerda al Kubrick más perfeccionista, pero también al Wong Kar Wai más intenso y cálido. Una atmósfera onírica y turbia, acompañada por una BSO electrónica envolvente y mística a lo David Lynch ( a manos del mismo compositor de Drive, Cliff Martinez), que nos sumerge en las pesadillas y realidades de Julian, personaje principal, que atormentado por un sórdido secreto, nos hace acompañantes forzosos de sus terrores edípicos a través de planos irreales y pasajes misteriosos, en medio de un Bangkok filmado alternativo y bizarro, paradójicamente desértico y abandonado para suerte de los protagonistas…

Chang y la pérfida madre cara a cara…

Respecto al exceso de violencia; hay mucha, pero se exige, y además conviene saber interpretarla por su efecto purificador y catalizador, más que por una mera muestra de secuencias gore injustificadas al servicio del impacto gratuito. También se podrá achacar cierto estatismo en los actores, pero Kristin Scott Thomas, perfila a una madre atípica, inhumana y estilizadamente siniestra de forma impecable. El caso de Ryan Gosling y la contención dramática exhibida en ésta y la anterior película de dicho director, también viene siendo otro motivo de debate habitual, pero no hay que olvidar que en ocasiones, aún rayando el límite de lo molesto, siempre para bien o para mal, dicha contención se halla al servicio de la película y del cine que plantea Winding Refn, más cercano a los silenciosos y enigmáticos personajes del cine noir de Jean Pierre Melville, que a los ruidosos y charlatanes matones de Tarantino, pero curiosamente, compartiendo con ambos esa veneración por la violencia explosiva, como un elemento de catarsis primordial e imprescindible para el bien de la narración.

Las manos de Julian y una enfermiza obsesión que será desvelada …

Sólo Dios perdona, es una película de digestión complicada, que difícilmente puede ser comparada y catalogada con acierto. Parece fácil achacarle falta de profundidad y claridad, cuando su propuesta real es la de mostrar, sugerir y provocar desde un punto de vista sumamente personal y arriesgado. Dicen que en su proyección en el Festival de Cannes, provocó el abandono masivo de butacas durante su proyección, probablemente, por parte de aquellos iluminados parciales, que un año antes se corrían de gusto con el esperpento infumable de Holy Motors, cuando donde realmente disfrutan y están en su salsa adulterada es aplaudiendo peliculitas terminales como El discurso del rey o la última pantomima de turno del amigo Almodóvar.

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