El dedo de Johnny Cash

Es el que todos deberíamos enseñar con orgullo. Dedo corazón alzado contra la mugre que ensucia nuestro presente y nuestro futuro. Aquí va la historia de una de las fotografías más famosas del rock. Que con tanto ajetreo había olvidado dedicar unas líneas al maestro Cash en el décimo aniversario de su muerte… Por David Acosta.

Fue el 12 de septiembre de 2003 cuando falleció Johnny Cash. Por tanto, hace algo más de dos meses que se cumplió el décimo aniversario de su muerte. Obligadas eran unas líneas para recordar su figura. Perdón por el retraso.

No pretendo aburrir con un resumen sobre la vida, obra y milagros del hombre de negro (que para eso ya está la Wikipedia). Me basta con un brevísimo repaso al relato que se esconde detrás de una de las fotografías más icónicas, reproducidas y copiadas en la historia de la música popular. Sí, aquella instantánea que Jim Marshall le tomó a Johnny durante su concierto de 1969 en las mismas entrañas de la prisión de San Quentin. Un latigazo visual para la posteridad.

A buen seguro que muchos de los que estáis leyendo estas líneas ya conocéis los pormenores de esta fotografía, publicada en su día con el nombre de “Johnny Cash flipping the bird” (“Johnny Cash enseñando el pajarito”). Pero por si alguien anda despistado, nunca de está de más rememorar el por qué del gesto del músico de Arkansas.

La hemeroteca y la leyenda coinciden. El genial fotógrafo Jim Marshall (también tristemente fallecido) estaba afanado en su tarea de inmortalizar el concierto en San Quentin (disponible en DVD, por si a alguien en interesa). Contado por él mismo en más de una entrevista, de repente Marshall le soltó a Cash: “Johnny, hagamos una foto dedicada al director de la prisión”. Y ahí llegó la famosa peineta. Un símbolo de la predilección, solidaridad y apego que el artista norteamericano siempre sintió hacia los presos carcelarios. En definitiva, un gesto rebeldía. Una pena que cualquier indeseable (leáse, por ejemplo, el tal Bárcenas) pueda también levantar su dedo corazón a diestro y siniestro. Estos tiburones devoran hasta los símbolos que deberían ser exclusivos de los agraviados y no de los malhechores. Así es la vida.

Querido lector, vaya desde aquí un consejo. Siga usted el ejemplo original de Johnny Cash y desahogue su rabia contenida con una buena peineta. Su salud mental se lo agradecerá.

Por @davidgenetika.

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