El Gran Wyoming | “La corrupción de este país es una pesadilla”

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José Miguel Monzón, alias El Gran Wyoming, se dispone a publicar nuevo libro el próximo 25 de noviembre. Mientras arrecia la tormenta corrupta, a nosotros no se nos ocurre otra cosa que coger los bártulos y entrevistarle en su propia casa. Una conversación cocinada a fuego lento y condimentada con algo de política y mucho rock. Por David Acosta.

José Miguel Monzón (Madrid, 1955) estudió Medicina para después no vestir jamás la bata blanca. Por un momento creyó que su destino estaba en el rock, pasión que sigue ejerciendo sin descanso a pesar de su estrellato televisivo. Azote de corruptos y hacedor de carcajadas en ‘El Intermedio’ (de lunes a jueves en La Sexta), el popularmente conocido como El Gran Wyoming nos abre las puertas de su casa madrileña en mitad de la Operación Púnica y con nuevo libro bajo el brazo. Afable y cercano en el trato, charlar con él es un placer. Un tipo que siempre da la cara, aún a riesgo de que se la partan. Vamos al grano.

-Es usted una de las figuras de la televisión más reconocibles de hoy en día. Y aún así, tocar la guitarra y cantar sigue siendo algo fundamental en su vida…

-Sí, de hecho mis primeras experiencias más allá de lo laboral empezaron en 1976 con un grupo que se llamaba Paracelso. Ganamos dos veces seguidas el ‘Rock Villa de Madrid’, nos hicimos famosos en la ciudad y durante unos años no paramos de dar conciertos a pesar de que no habíamos publicado ningún disco. Lógicamente a mí se me conoce por la televisión, pero mis inicios estuvieron en la música. Con mi actual banda, Wyoming y los Insolventes, en una buena noche podemos tener a 500-600 personas de público. ‘El Intermedio’, en cambio, lo ven más de dos millones de personas. La tele es más vistosa.

 

-¿Qué le ha pasado al panorama del rock nacional desde aquellos años 70?

-Pues que se ha creado una brecha gigantesca. En los 70 el rock era algo minoritario pero podías estar trabajando sin parar. Con Paracelso dábamos conciertos prácticamente todos los fines de semana y luego en verano teníamos los festivales. El rock en aquella época era casi como una religión. Los grupos apenas grababan discos y era un estilo que no tenía cabida en el mercado musical, al menos hasta que llegó la explosión de gente como Leño o Burning. Pero nunca faltaban los conciertos ni el público. Ahora lo que hay es una enorme brecha. Hay un círculo reducido de grupos y artistas con mucha fama, que siempre llenan las salas, y después están las pequeñas bandas para las que todo es muy complicado. Y en el medio no hay nada. Hoy en día, en la mayor parte de los casos, no se paga a los músicos por tocar. Eso antes no pasaba. Y yo siempre digo lo mismo: un músico no es ni más ni menos que el camarero o el portero del bar. Igual que al camarero o al portero, a los músicos que tocan también hay que pagarles.

“A mí lo que me gusta de verdad es hacer y tocar música. Por eso aprovecho la fama que me da la televisión para dar conciertos allá donde puedo”

-¿Le hubiera gustado ser una estrella del rock?

-A mí me hubiera encantado no ser una estrella. Ni del rock ni de la televisión ni de nada. Vivir bien de cualquier cosa, eso por supuesto. Pero ser ‘estrella’ tiene la connotación de que te vuelves gilipollas, y en eso no tengo ningún interés. No necesito maltratar al que tengo al lado, romper la habitación de un hotel o alardear de cualquier historia. Lo que sí me hubiera gustado, por ejemplo, es tocar la guitarra como lo hacía Paco de Lucía.

 

-Me cuentan sus compañeros de Wyoming y Los Insolventes que para usted lo de hacer giras es una auténtica válvula de escape. ¿Tan bien se lo pasa?

-Bueno, es que a mí lo que me gusta de verdad es hacer y tocar música. Y eso pasa por hacer giras. Un músico de verdad, de vocación, no puede vivir sin tocar. Por eso ahora aprovecho la fama que me da la televisión para dar conciertos allá donde puedo. Los dueños de las salas piensan: “si llamo al famoso, igual se me llena el local”. Entonces me llaman, efectivamente la sala se llena y yo encantadísimo por ello. Eso sí, nosotros tratamos de ofrecer un buen concierto, algo así como un festival de versiones que gusta a la gente. De hecho, prácticamente en el 100% de los locales donde hemos actuado nos han vuelto a llamar para que repitamos. En algunos casos, varias veces.

 

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El Gran Wyoming, mucho más que un showman

 

-Entre tanto programa de ‘El Intermedio’ y tanto concierto por la geografía nacional, todavía le queda tiempo para publicar libros de su puño y letra. En ‘No estamos locos’ (2013) nos hizo una ácida radiografía de la corrupción que sufre este país. Y ahora la Operación Púnica, el enésimo escándalo…

-‘No estamos locos’ fue algo así como un manual de autoayuda. Yo hice una visión personal de la realidad para aquellos que pudieran preguntarse si todo esto que está pasando es real o no. Era un libro destinado a los que están indignados, para que sepan que su indignación es compartida y está totalmente justificada. El último ejemplo es esta Operación Púnica en la que han caído unos cuantos. Y son tantos millones de euros los que hay de por medio… ¡Es que esto no pasa en ningún lado! Esto es una pesadilla real y por eso escribí el libro ‘No estamos locos’. No nos puede dejar de asombrar e indignar la corrupción por el simple hecho de que nos acostumbremos a ella.

 

-Y de ‘No estamos locos’ a ‘No estamos solos’, nuevo libro suyo a publicar el próximo 25 de noviembre. “Un retrato de la gente que está cambiando este país”, reza la portada. ¿Qué nos vamos a encontrar en sus páginas?

-‘No estamos solos’ es un libro para dar a conocer a gente que se atreve a hacer cosas en estos tiempos que corren. Es un proyecto que además irá acompañado de un documental de mismo título y dirigido por Pere Joan Ventura. Contamos iniciativas privadas que se rebelan contra la impotencia que genera la situación política y económica en la que estamos. Personas que dedican parte de su tiempo a luchar contra lo establecido o impulsar proyectos en favor de otros, generando movimientos sociales que en algunos casos han llegado a tener mucha fuerza. Un ejemplo de esto es Ada Colau, que ya se ha convertido en alguien muy popular. Empezó luchando contra los desahucios, aconsejando a personas a las que se quería echar de sus casas, y ahora lidera un movimiento político con opciones incluso de ganar la alcaldía de Barcelona. También hablamos de Les Comadres de Gijón, que organizaron el ‘Tren de la Libertad’ para protestar contra la reforma de la Ley del Aborto de Gallardón. Empezaron en una tertulia de mujeres hace años y acabaron congregando a casi 100.000 personas cuando llegaron a Madrid. No sé si esto influyó o no, pero al final la reforma se paró. El libro va de estas cosas. Cuando la gente se pone en movimiento y tiene una verdad, las cosas cambian.

“Ciudadanos organizándose para cambiar las cosas y decidiendo su existencia en colectividad. Eso es lo que debe ser la política”

-Hablando de cambios… ¿Qué opina usted de Podemos? ¿Un nuevo modelo de país es posible?

-Evidentemente Podemos puede cambiar las cosas, ése es su planteamiento. Yo creo que la aparición de una fuerza política como Podemos era algo inevitable, las estructuras de los partidos políticos que conocíamos eran demasiado rígidas. La política ya estaba establecida como una actividad profesional, incluso los medios de comunicación sólo atendían a los protagonistas de esos partidos. Y eso no tiene nada que ver con la realidad. La política la conforman todos y cada uno de nuestros actos, lo que hacemos los ciudadanos. Yo creo que el término ‘política’ había perdido su verdadero significado. Esto se demostró, por ejemplo, con el Movimiento 15-M, el movimiento más político que ha habido en los últimos treinta años. Ciudadanos organizándose para cambiar las cosas y decidiendo su existencia en colectividad. Eso es lo que debe ser la política. El problema estuvo en la transición. El término ‘transición’ debe referirse a algo que te lleva de un sitio a otro, cosa que aquí no ocurrió. Simplemente nos quedamos en la transición, fue un fin en sí mismo. Y por eso en el Congreso se alude constantemente al “espíritu de la transición”, que muchas veces lo que significa es impedir que se pueda judicializar la vida política. Los movimientos sociales de aquella época fueron descapitalizados para ponerlo todo en manos de unos partidos que se dedicaron a lo que ellos llaman “la gobernabilidad”. Y ahí empezó a profesionalizarse la vida política, olvidando muchas veces escuchar la voz de la ciudadanía. Por ejemplo, el 90% del Congreso votó a favor de la coronación de Felipe VI como nuevo Jefe del Estado. Sin embargo, en la calle la opinión sobre la monarquía está mucho más dividida. De ahí lo de “no nos representan”. Estos políticos están representando a un sistema, no a la ciudadanía. No se consulta en nada a los ciudadanos y eso es absolutamente contradictorio con una democracia. Por eso el nacimiento de Podemos era necesario. Un movimiento horizontal en el que la gente decida lo que hay que hacer y respondiendo a la voluntad de aquellos que votan. Parece algo trivial, pero ahora mismo eso no existía.

 

-Oiga, no me resisto a hacerle unas preguntas un poco más personales. Por ejemplo, ¿se defiende usted en la cocina?

-Sí, mucho. No es que me defienda en la cocina, es que soy ama de casa. Tengo tres hijos, vivo con ellos y con mi novia, y hago la comida y la cena para todos ellos. Y también hago la compra.

 

-¿Especialidad de la casa?

-Va cambiando porque tengo un público exigente. Se me quejan incluso a pesar de la gran variedad de carta que tengo (risas). Yo estoy especializado en la comida clásica, platos de cuchara como garbanzos, lentejas… Y hago una fabada espectacular, heavy metal, pero sólo los fines de semana. La verdad es que me defiendo con todo.

 

-¿Libro que está leyendo actualmente?

-Ahora estoy con ‘Una casa de tierra’, de Woody Guthrie, que para el que no lo sepa fue un músico norteamericano que hizo más de mil canciones y que fue el inspirador de cantautores como Bob Dylan. Recientemente se descubrió que había escrito una novela y la verdad es que es un libro muy interesante.

“En los Beatles se concentran todas las músicas que he escuchado después. Ellos hacían algo absolutamente ecléctico, no se les podía encasillar”

-Recomiéndenos una película…

-A mí me gusta mucho la época dorada de los estudios de Hollywood. Los tiempos de Howard Hawks, Billy Wilder, Fritz Lang… Yo recomendaría a sus lectores que vieran, por ejemplo, ‘Luna nueva’ (1940), una película de Howard Hawks que puede pasar desapercibida pero que merece la pena disfrutar, con una interpretación perfecta de Cary Grant.

 

-Iniciamos la entrevista con música y la terminamos con música. Si tuviera que elegir un grupo o artista, ¿cuál me diría?

-Me quedo con los Beatles, marcaron mi adolescencia. El disco ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ (1967) para mí fue una conmoción. En los Beatles se concentran todas las músicas que he escuchado después. Rock n’ roll, folk, blues, pop, música de los años 50, incluso algo de punk con el tema ‘Helter Skelter’. Ellos hacían algo absolutamente ecléctico, no se les podía encasillar en un estilo concreto. También me quedo con Frank Zappa, un músico integral, un disparate de artista con una imaginación y una técnica brutales. En una sola canción de Zappa puedes encontrar un disco entero de otro artista. Un genio. Y también le nombro a Jimi Hendrix, un espécimen único.

Así, con la sensación de haber entrevistado a un comunicador (y conversador) de tanto talento como los músicos que él ha nombrado en esta charla, me despido del señor Wyoming no sin antes atender a sus pacientes indicaciones sobre la ubicación de la estación de Metro más cercana. Así es José Miguel Monzón. Rock en las venas e ideas claras. Esta noche, como siempre, espera ‘El Intermedio’.

Por @davidgenetika.

 

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