Hollywood, el reino de las excentricidades

Vivimos en el mundo del ‘WTF!’. Y si viajamos hasta el Paseo de la Fama, el territorio de las extravagancias, la expresión se torna en alarido. A más de una estrella se le ha subido la purpurina a la cabeza. Caprichos, atrevimientos, malcriadeces, manías… Es hora de poner los trapos al sol. Abrimos el cajón de basura. Por Mónica S. Gato.

Cuando cumplió 42 años se encerró desnudo en la sala de cine de su mansión. Cuatro meses sin cortarse las uñas, sin afeitarse y sin ducharse. Se alimentaba de leche y chocolate, orinaba en frascos y defecaba en contenedores. Desde luego muy cuerdo no estaba Howard Hughes, interpretado por DiCaprio en la gran pantalla. El productor y director de cine, que vivió los últimos años de su vida en hoteles de lujo para no contaminarse con los gérmenes del mundo ordinario, se corona vencedor en la liga de excéntricos de Hollywood. Y es que en ocasiones los genios se comportan de manera inusual.

Ahí tenemos a Tarantino. El bueno de Quentin se gasta un 160 de cociente intelectual pero, se dice, no ha aprendido a escribir a ordenador y sus primeros guiones los entregaba con una letra ininteligible en hojas de tamaños y colores diferentes y unidas con una pinza de la ropa. Al menos él puede agarrarse a aquello de “lo importante es el contenido, no el continente”. Mientras, Angelina Jolie y Billy Bob Thornton se adhieren a la excusa universal, el amor, para justificar su salida de tiesto. Durante el idilio, ambos llevaban frascos colgados al cuello con la sangre del otro y cuando el cariño se evaporó, ella rogó al actor que le devolviera el suyo por si practicaba vudú con el líquido de sus arterias.

Woody Allen también es un rato supersticioso. Vive con pánico a la muerte y a los accidentes, duerme con zapatos y se pone el termómetro minuto sí, minuto también. La amenaza de Courtney Cox se llama sol. La intérprete cree que los rayos causan las arrugas; sufre fotofobia psicológica y no se asoma a la calle si no aparece la noche. A Gerard Depardieu tampoco le hace falta airearse. El francés, ahora ruso, adora visitar las cocinas de los hoteles donde se hospeda y apuntar las recetas de los chefs. Nunca podrá cocinar pollo para Mel Gibson, quien no lo prueba porque piensa que su carne alberga el poder de hacer crecer el pelo en el pecho. Pero sí podrá invitar a Nicolas Cage, quien sólo se alimenta de animales que se reproducen de una manera limpia, según él (los peces y las aves). Si el segundo comensal del menú de Depardieu es Harvey Keitel, tendrán que engullir en el descanso de un rodaje (el Señor Lobo de ‘Pulp Fiction’ exige por contrato no salir masticando en ninguna escena).

Nicolas Cage, alias “el pulcro”.

Y Depardieu dice: “Mira chaval, esto me lo como yo en un pispás”.

Pero quizá todos ellos prefieran a Andy McDowell, acostumbrada a cocinar desnuda, mejor opción que la de Errol Flyn. La botella de vodka ejercía de mejor amiga de Robin de los bosques en el set de rodaje. No se separó de ella ni cuando se lo prohibieron, pues se dedicó a inyectar la bebida en las naranjas que le ofrecían en los respiros de la filmación. Su amor era tan puro que manifestó su deseo antes de perecer: ser enterrado con seis botellas. “Si lo hizo Errol Flyn, yo también”, seguramente fue lo que pensó después Arch West, el padre de los Doritos, cuya tumba fue cubierta con los triangulitos cuando falleció, en 2011.

Las obsesiones de los famosos pasan de la alimentación a los deportes. Sean Connery y Sylvester Stallone fruncen el ceño si junto al set no hay un campo de golf, su deporte preferido. El de Jack Nicholson es el baloncesto. El veterano actor pide a los responsables de sus películas comprometerse a parar la filmación cuando sus Lakers disputan un partido. Mientras, George Clooney pide directamente la cancha de baloncesto para ejercitarse entre toma y toma. Eso sí, la instalación ha de situarse junto a un tráiler con jakuzzi y jardín propio (y ni aun así suena tan idílico como pasearse por el espacio que Cuarón creó para él en ‘Gravity’). Otros interesados en adorar a sus músculos en pleno rodaje son Russell Crowe y Arnold Schwarzenegger, quienes montan sus propios gimnasios entre bambalinas. Sin embargo, a Tom Cruise no le gusta ni caminar; conduce su coche hasta para desplazarse a la vuelta de la esquina. El protagonista de ‘Top Gun’ no se separa de su auto y Uma Thurman, de su colchoneta de yoga. Cuentan que han visto a la Kiddo, cruzando las piernas en pleno vuelo, para equilibrar sus chacras.

Tom Cruise. No sin mi coche.

Los animales forman parte también de las excentricidades hollywoodienses. Uno de los damnificados fue un pobre burrito de ‘Cleopatra’. Liz Taylor le acusó de enamorarse de ella y pidió que lo capasen. Pues sí, la chica de la mirada violeta era una preciosidad pero suponemos que el asno se decantaría mejor por alguno de sus iguales del zoológico de Brad Pitt. El estadounidense pagó 30.000 dólares por unas plantas exóticas para las instalaciones que nunca llegó a recoger. Mientras, Jim Carrey exigió un camerino para él y otro para su iguana en el rodaje de ‘Ace Ventura’. El adorable e inolvidable Truman compra para sus perritos billetes de primera clase, donde viaja Megan Fox, quien escucha música de Britney Spears por su horror a montarse en un avión. Al parecer, la muchacha está segura de que el destino no puede ser tan vengativo. No es justo morir mientras te susurran al oído “oops i did it again”. Megan, para asegurarte y si no quieres ser carne de ‘Mil maneras de morir’, ajusta cuentas con el karma.

Jennifer Aniston también tiene miedo a volar, así que se lleva su equipo médico al completo. Pero al que hay que compadecer es a su peluquero, asediado en una ocasión en plena madrugada por las preocupaciones de la estrella. Al parecer, ¡tenía las puntas abiertas! Todo un drama. Samuel L. Jackson exige dos peluqueros en sus rodajes, así que al menos las tareas están más repartidas.

Los trabajadores de los hoteles también tienen el cielo ganado (suerte para ellos que Sharon Stone solamente se aloja en mansiones cuando trabaja). Justin Timberlake alquila una planta entera y su suite ha de estar provista de Play Station y un potente equipo de sonido. Además, el actor no entra a su habitación si los filtros del aire acondicionado y los pomos de las puertas no se han acicalado justo antes de que él llegue. No conocemos sus gustos sobre la ropa de cama, no así los de Jennifer López, quien carga con sus propias sábanas cada vez que sale de casa (lo mismo hace Wynona Ryder, pero con su vajilla; o bueno, con una ajena, eso ya no lo sabemos) porque han de estar tejidas con más de 250 hilos. Esa manía no nos sorprende conociendo lo que propició en una ocasión en Bogotá. Cerró un centro comercial durante un día entero para ella sola para que nadie la molestara. Menos mal que no se acercó hasta allí Angelina Jolie, capaz de gastarse más de 140.000 euros en ropa en 15 minutos.

Liz Taylor, irresistible hasta para los burros.

¿Cuántas maletas se llenarán con semejante cifra? Para Demi Moore sería un martirio plantearse esta pregunta, pues odia que los cofres de cuero se toquen. Su obsesión supera los límites. En una ocasión ordenó a sus estudios alquilar un segundo avión para que sus dos maletas no se rozaran en el trayecto. Normal que Penélope Cruz parezca una bendita en todo este embrollo. Sus exigencias: toallas del mismo color, fruta fresca y agua de coco. Una minucia si lo comparamos con las rarezas de su ex novio Tom Cruise. En la filmación de ‘El último Samurai’ prohibió a todo el mundo que lo mirara directamente a los ojos, una extravagancia que copiaría después Val Kilmer. Nos preguntamos entonces cómo se comunicaría Pe con Tom, quien no tiene cuenta de correo, ni móvil y cuando va por ahí no lleva reloj ni dinero.

A su compañero en la Iglesia de la Cienciología, Jason Lee, le dio por llamar a su hijo Pilot Inspector Lee, un nombre inspirado en la canción indie “He’s Simple, He’s Dumb, He’s the Pilot”. Nicolas Cage admira esta práctica. Su gusto por los cómics le condujo a bautizar a uno de sus hijos Kal-El, el nombre kryptoniano de Superman, y a elegir su propio nombre artístico, inspirado en el personaje de Marvel Cómics Luke Cage.

Hollywood, la colina de los locos.

Seguimos con superhéroes. Ben Affleck se construyó una batcueva en su casa para preparar su papel. Algunos actores efectúan acciones poco comunes para dibujar sus personajes. Por ejemplo, el mencionado Jim Carrey sólo contestaba a Milos Forman si le llamaba Andy Kauffman en ‘Man on the Moon’, cinta inspirada en la vida del comediante.

Ni Johnny Depp se salva. Actúa, pinta, dibuja, canta… pero le tiene miedo a los payasos. Para superar su terror no le basta con ponerse el DVD de ‘It’ o comer en el McDonalds. Su táctica es coleccionar pinturas del psicópata John Wayne Gacy, asesino que mataba a niños y homosexuales caracterizado de payaso. Pues parece que sí; si estás como unas maracas, ya tienes un punto extra para figurar en el Paseo de la Fama.

La estrella del Paseo de la Fama. Licencia para desbarrar.

Por @monipennyta.

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