Especiales | Todos los caminos llevan a Sound City

¿Qué es Sound City? “Parece un basurero, una pocilga. Todo es de segunda mano. En Sound City podías apagar un cigarrillo en el suelo, podías orinar en un rincón y nadie se quejaría”. Así recuerdan muchas estrellas del rock los emblemáticos estudios de grabación de Los Ángeles en los que se gestaron algunos de los mejores discos del panorama musical. Por Alba Rabadán.

Desde que cerrara sus puertas de forma definitiva en 2011, son muchos los nostálgicos de este epicentro musical que representaba el Sound City. Pero ha sido David Grohl, actual líder de Foo Fighters, el que se ha atrevido a inmortalizar su historia. Debuta como director grabando un documental de 107 minutos en los que, mediante entrevistas a los protagonistas y al personal que allí trabajaba, ha recordado los momentos más importantes y emotivos de los populares estudios.
Es simple, cuando entras en Sound City o te encanta o lo detestas. A pesar de ser un sitio feo y sucio, gran parte de las bandas más destacadas de la década de los 70 y los 80 se consolidaron entre sus cuatro paredes, y muchas otras se peleaban por poder grabar allí. Situado en un valle, el lugar tenía algo especial, algo único. Contaba con un equipo técnico magnífico para la época, una consola Neve 8028 de última generación que costó 76.000 dólares. Precio más que asumible para una mesa que, en palabras de los productores e ingenieros, “embellece las cosas en el contexto del rock and roll”. Muchos de los grupos que por allí pasaban, no estaban preparados para enfrentarse a la pureza de la Neve. Lo que se intentaba lograr era un sonido real, sin efectos, sin adornos. Se grababa en vivo y sin editar las tomas.
La primera canción que se grabó en la consola fue “Crying In The Night” de Buckingham Nicks en 1973. Se descubrió que una de las mejores cosas que reproducía la Neve era la percusión. Sound City resultó ser, a pesar de todo, una sala idónea para captar ese tipo de sonido. Mick Fleetwood, miembro fundador de Fleetwood Mac, fue el segundo en grabar allí su disco y aseguró que en cuanto a la percusión “es hermoso lo que pasa entre las notas, hay un sonido mágico”. Por sus instalaciones seguían pasando músicos y bandas que no creían tener demasiado talento y gracias al estudio terminaban formándose y alcanzando el éxito. En Sound City se cumplían sueños y se cambiaba la vida de las personas. 

Así comenzaron su carrera artistas de la talla de Neil Young, Ricky Springfield o Tom Petty. Pero no sólo los rockeros se aprovechaban de la magia de los estudios: las secretarias y telefonistas se convertían en segundas voces ideales para hacer los coros, los asistentes y chicos de la limpieza aprendían habilidades como técnicos y los más apasionados se convertían en los mejores productores. Y es que en los 70, un productor no lo era al uso, no representaba lo que la mayoría de nosotros entendemos como tal. No se encargaba del presupuesto, ni de programar a los músicos o concertar el tiempo en el estudio. Los productores de Sound City trabajaban codo con codo con los artistas, se implicaban en las canciones, daban su opinión. “Hay que tener pelotas para decirles a estrellas del rock que lo hacen mal”, asegura uno de ellos en el documental.

Los 80 cambiaron el ritmo y la suerte de los estudios. A pesar de tener un panorama musical copado, en el que en cualquier emisora de rock sonaban ocho de cada diez canciones grabadas en Sound City, los avances tecnológicos les pillaron por sorpresa. La aparición del CD y del sonido digital supuso un cambio radical. La nueva plataforma de grabación Proo Tools facilitaba el trabajo y permitía conseguir un sonido más procesado y adaptado a la era digital. A Sound City le costaba seguir el ritmo. Se gastaron mucho dinero en perseguir a nuevas bandas que quisieran grabar en el estudio y a finales de los 80 apenas podían competir. 

Era la crónica de una muerte anunciada, y entonces llegó el huracán… Nirvana. El grupo apostó por lo analógico, la vuelta a los orígenes y querían grabar con la Neve. En palabras del propio Dave Grohl, “para nosotros lo más importante era que hubiese verdad y sinceridad en lo que hacíamos; las imperfecciones están bien, te hacen parecer humano”. Probablemente Sound City no hubiese sobrevivido sin “Nevermind”. Por aquel entonces nadie había oído hablar de Nirvana, pero gracias al disco fueron directos al número uno. La banda de Aberdeen abrió el camino a otras muchas, y les llovían las ofertas. Los grupos sólo querían ir a Sound City porque ahí se grabó el mítico “Nevermind”. Se volvió a poner de moda lo antiguo, el sonido analógico.

Todos los caminos llevaban a Sound City: The Pixies, Rage Againts The Machine o Red Hot Chili Peppers acudían atraídos por la leyenda, al igual que lo haría en 1996 Johnny Cash o Queens of The Stone Age. Muchos fueron los artistas que cruzaron sus puertas, que se dejaron embriagar por esa mesa de sonido, por esa magia. Por eso cuando Grohl se enteró de que los estudios echaban el cierre, decidió comprar la Neve para su Studio 606 y plasmar en un documental los momentos más gloriosos de Sound City. En una guerra entre lo analógico y lo digital y en compañía de muchos de los artistas destacados que por allí pasaron, Grohl inmortaliza un pedacito más de la historia del rock and roll. Y nosotros nos quedamos con esta frase: “Sound City era un sitio donde los verdaderos hombres iban a grabar discos”.
Por @genetikarock.

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Una Respuesta a “Especiales | Todos los caminos llevan a Sound City”

  1. […] carambolas. La grabación de Nevermind (publicado en septiembre de 1991) en los estudios Sound City fue otro de los golpes de fortuna del destino. Un centro de grabación que sufría los efectos de […]

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