Julen Guerrero | El Rey León forzado a abdicar

guerrerocuadro1Guerrero debutaba en el Athletic con apenas 18 años de la mano de Jupp Heynckes, un técnico que demostró que en Bilbao se puede practicar un buen fútbol, como sucede ahora con Valverde. Julen era un mediapunta elegante, pasador y finalizador, que desató la Julenmanía incluso más allá de Vizcaya. Leal como pocos a su equipo, rechazó ofertas irrechazables de los grandes de Europa para acabar desapareciendo casi tan rápido como había irrumpido en su club. Las razones no están claras… Por Raúl Piñeiro.

La irrupción de Julen Guerrero en el primer equipo del Athletic de Bilbao fue como encontrarse un oasis en el desierto. Era un futbolista atípico, un pelotero que se movía entre líneas como nadie, siendo una especie de Roberto Baggio vasco, por su excelente visión de juego, su técnica y, sobre todo, su capacidad goleadora gracias a su excelente llegada desde segunda línea. Solía estar en el sitio oportuno en el momento oportuno. Era ambidiestro, una cualidad no muy habitual. Sus lanzamientos de falta, además, eran letales. Era un futbolista que lo tenía todo, con mucho desparpajo y, sobre todo, la confianza de un técnico revolucionario, Jupp Heynckes, que demostró que en San Mames también podía tratarse muy bien el balón, sin perder la competitividad ni la intensidad que siempre caracterizó al Athletic.

Julen había despuntado en la categoría juvenil. Con él como líder incuestionable, el Athletic había logrado el doblete, Campeonato Nacional y Copa del Rey. Era un jugador que ya desde muy joven destacaba sobre jugadores mayores que él. Con la selección nacional había sido internacional sub-19 con apenas 16 años y sub-21 a la edad de 18. Justo en aquel año 92 desembarcaba en el conjunto vasco Jupp Heynckes para dirigir el primer equipo. Heynckes era una leyenda del fútbol alemán como jugador con una prominente carrera como técnico. No en vano llegaba a Bilbao procedente del Bayern de Múnich. El técnico teutón fue clave en la carrera de Julen, ya que no dudaría en darle no solo la alternativa, sino también galones, en el primer equipo del Athletic.

Con apenas 18 años, Julen acumularía 37 partidos de liga en su primera temporada con la nada despreciable cifra de 10 tantos. Fue elegido Jugador Revelación de la liga en 1993 y con apenas 19 años, Javier Clemente, leyenda del Athletic, ya lo convocaba con la selección española. Julen subía como la espuma y su segunda temporada no hacía más que confirmar que había nacido una estrella. Con solo 19 años anotaría 18 goles en 36 partidos de liga, y 3 en 4 de Copa. San Mamés lo idolatraba. Aquel verano del 94 formaría parte de la lista de convocados por el seleccionador nacional para disputar el Mundial de 1994 en Estados Unidos. Parecía no tener techo.

Guerrero tenía la melena, la elegancia y la garra del felino rey de la selva, y ‘leones’ es precisamente como se conoce tradicionalmente a los jugadores del Athletic, por asociación con la leyenda del santo que da nombre a la Catedral del futbol español. No es raro, por tanto, que Julen Guerrero fuera considerado el Rey León, y menos aun cuando desde el principio dejó clara su lealtad y fidelidad al club de sus amores, al que había llegado con tan solo 8 años y al que le prometía amor eterno a pesar de las numerosas ofertas que llegaban por él. El Madrid quiso pagar su claúsula en 1995. Equipos como Atlético de Madrid, Barcelona, Milán o Roma le siguieron la pista muy de cerca, con ofertas desorbitantes. Pero Julen sólo quería jugar en el Athletic y triunfar en San Mames, así que hacía oídos sordos a los cantos de sirena.

 

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Julen Guerrero, número ‘8’ y símbolo del Athletic de los años 90.

 

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De la mano de Javier Clemente, el jugador disputó el Mundial de EEUU de 1994.

“El alemán Jupp Heynckes fue clave en la carrera de Julen, ya que no dudaría en darle no sólo la alternativa, sino también galones, en el primer equipo del Athletic”

Julen era también un fenómeno mediático gracias a su aspecto, con su melena y sus ojos claros, que lo hacían irresistible para miles de jovencitas de toda España. Era el mejor jugador que había salido de Lezama en muchos años. Muchos consideraban que era el futbolista que iba a traer la gloria al fútbol español. Capacidad tenía. La afición lo adoraba y su nombre, más que ser coreado, se había convertido en un auténtico grito de guerra. José María Arrate, por aclamación popular, lo blindaría con un gran contrato que, al parecer, no cayó bien en la caseta vizcaína. Entretanto, sus registros goleadores siguieron siendo buenos hasta que, de repente, y sin motivo aparente, Julen pasó a tener un rol secundario. Empezó a quedar fuera del once e incluso a veces fuera de la convocatoria, cuando todavía tenía 26 años. Nadie podía entender como de la noche a la mañana Julen no valía para los técnicos.

Guerrero, lejos de darse por vencido y buscar acomodo en otro lugar, decidió quedarse en Bilbao y pelear por revertir la situación, aunque sin éxito. En la temporada 2001-2002 apenas jugaría 20 partidos de liga. Las dos siguientes 14 respectivamente, 12 en la 2004-05 y 17 en la 2005-06, tras la cual, con apenas 32 años, y pese a tener una temporada más de contrato, decidía colgar las botas. Julen había llegado a un acuerdo con el entonces presidente del Athletic, Fernando Lamikiz, para firmar un contrato vitalicio como parte del organigrama técnico del club. 113 goles en 426 partidos con el Athletic y 13 goles en 41 partidos con la selección era su bagaje al retirarse.

Como técnico del Athletic no tuvo suerte. Se hizo cargo del juvenil y la clasificación fue la peor de la historia, agravada con el mal ambiente en la caseta. En 2007 apoyó una candidatura a la presidencia del Athletic, siendo aun trabajador del club, y eso no hizo más que empeorar su situación en la entidad, que le seguía pagando, debido al contrato que firmó con Lamikiz, aunque no tenía ningún cargo para él. El 13 de marzo de 2008 se desvinculó definitivamente del Athletic Club y dejó de pertenecer al cuerpo técnico. Actualmente reside en Marbella y trabaja en las categorías inferiores del Málaga CF, donde destaca su hijo Julen, que puede seguir sus pasos, aunque en el sur de España.

Qué sucedió con Julen Guerrero es aún hoy una incógnita. La versión de que se estancó futbolísticamente o que de repente se le olvidó de cómo jugar al futbol no es convincente, ni tan siquiera creíble. Hay quien dijo que la fama se le había subido a la cabeza, pero tampoco parece motivo suficiente para que caiga en el ostracismo como hizo, sobre todo cuando su amor a los colores del Athletic es innegable. Existe la impresión de que dentro de la caseta no estaba bien considerado, pese a ser el capitán. De hecho hay quien acusa directamente a una especie de lobby del vestuario, un grupo de jugadores que podía ser el núcleo duro de la caseta y que, con sus actitudes mafiosas podrían haber forzado el fin de Julen Guerrero. La realidad es que el Athletic perdió a un icono y el futbol se quedó con la sensación de que nos perdimos a un gran futbolista que podría haber llegado mucho más lejos. Quizás en otro equipo. Seguro que en otras circunstancias…

 

Por @raulicoblantons.

 

 

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