Libros | ‘Sid Vicious, el icono salvaje del punk’

A Sid lo llamaban Vicious pero “era tan feroz como una gallina”, según contaban compañeros de correrías. El James Dean de la moda punk era todo lo que los demás no eran, todos querían irse con él a la cama y estaba predestinado a morir joven. Parafraseando a Malcolm McLaren, mánager de los Sex Pistols,“¡Cómo podía existir una criatura así!” Por Mónica S. Gato.

Lisa Simpson se enamora de Nelson, un excéntrico bajista. Son novios y adictos al chocolate y tras una sobredosis de azúcar, él abandona la banda. Bart relata en una de las tres historias del capítulo Love, Springfieldian Style esa última etapa del sucedáneo de Elvis del punk rock. Homer despide la historia arrojando basura a la pareja mientras los enamorados se regalan besos. La porquería que riega sus cabezas funciona como metáfora del destino de Simon John Ritchie, nuestro Sid Vicious, quien fue arrestado por el asesinato de su novia Nancy durante una gira de los Pistols en Estados Unidos para morir meses después (antes de cumplir los 22 años) por una sobredosis de heroína que le suministró su madre. 

Alan Parker se detiene en este punto en Sid Vicious, el icono salvaje del punk (Ma Non Troppo, 2009), “la historia más completa sobre su vida, el mundo en el que vivió”. Así define el libro Malcolm McLaren, autor del prólogo y dueño de la tienda de moda Letit rock, el epicentro del último movimiento contracultural auténtico de Londres. Pero el texto de Parker nos revela aspectos más desconocidos del icono más salvaje de toda una generación, del ideólogo del pogo, de ese ser con actitud aunque no precisamente un erudito del bajo (cuenta Parker que el versátil Lemmy, de Motörhead, intentó aleccionarle pero lo dejó por imposible). El autor se explaya en la infancia de nuestro protagonista, una etapa que marcará a fuego la personalidad y el carácter de un chico que “era punk antes de que McLaren entrara en escena, desde que se tiñó el cabello por primera vez, en 1975”.

Son declaraciones de Ann, su madre, la que crió al pequeño en Ibiza, donde se ganaba la vida vendiendo porros a los turistas y donde aprendió los secretos culinarios con el ajo (parece que las recetas se mudaron con ella a Londres, pues los niños se reían del pequeño Sid porque le olía el aliento). Era la madre cariñosa pero también la descuidada (los registros del colegio reflejaban que el niño nunca fue acompañado a clase. Quizá por eso se entienda que el chico se refugiara en su hurón, por el que sentía devoción, según relata a Parker uno de sus compañeros de clase). Sid abandonaría pronto el nido, para entonces ya se inyectaba speed a la vera de su progenitora, y comenzaría con su etapa Naranja mecánica en New Court, estrangulando gatos y atracando a ancianos.

Sus más y sus menos con Johnny Rotten, su salida de tiesto en el festival del 100 Club, cómo pudo convertirse en el cantante de The Damned, los instrumentos robados a Bowie por uno de los Pistols, su entrada en el grupo…. Alan Parker no escatima detalles en un libro que recuerda a este amante de Poe, de postura autodestructiva y genuinamente punk, que, como describe McLaren: “Nunca vio un semáforo en rojo, sólo en verde”.

Sid Vicious: El icono salvaje del punk
Alan Parker
Editorial Ma Non Troppo
236 páginas

Por @monipennyta.

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