Mauro Silva | La brújula del ‘Súper Dépor’

maurocuadro1El Deportivo de la Coruña había logrado la permanencia por los pelos en su retorno a Primera. Cuando en el verano del 92 Augusto Cesar Lendoiro anunció los fichajes de los brasileños Bebeto y Mauro Silva, nadie podía imaginar lo lejos que el club gallego iba a llegar, pese a que eran dos fichajes de gran calidad. Bebeto fue importante por los goles, pero Mauro Silva fue fundamental durante los 13 años, hasta su retirada, que vistió de blanquiazul, consolidándose como uno de los mejores mediocentros defensivos de la historia… Por Raúl Piñeiro.

El Deportivo de la Coruña, con tradición en Primera, había sido un equipo ascensor en la década de los 60, alternando temporadas en Primera y Segunda, hasta que en la 72-73 bajó a Segunda y justo al año siguiente, 1974, dio con sus huesos en Tercera. Tocó fondo y mucho le costó volver a la élite al cuadro coruñés. La travesía por el desierto duraría 18 temporadas, hasta que de la mano de un joven Augusto César Lendoiro, regresaría a Primera. Tras lograr, no sin sufrimiento, mantener la categoría en su temporada del regreso, el presidente se prometió que no solo se iba a acabar el sufrir por la permanencia, sino que su equipo le jugaría de tú a tú a los grandes de  España y de Europa.

Para demostrar que hablaba muy en serio, aquel verano de 1992 consiguió contratar a Bebeto, un delantero más que contrastado en Brasil, pero también a Mauro Silva, un mediocentro brasileño que despuntaba en su país con el Bragantino, un equipo que había sorprendido ganando el Campeonato Paulista en 1990. Ambos eran internacionales con la selección canarinha, pero necesitaban el salto al futbol europeo para consolidarse. A priori parecía que Bebeto iba a ser el fichaje clave, pero acabó siéndolo Mauro Silva, que con su voz y mando desde su puesto en el centro del campo, iba a escribir las hojas más importantes en la historia del conjunto gallego.

 

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Año 1992. Bebeto y Mauro Silva, de las playas de Brasil a la costa coruñesa.

 

Desde 1992 hasta 2005, año de su retirada, Mauro Silva disputó 369 partidos con el Deportivo de la Coruña, anotando sólo un tanto (en su segunda temporada como blanquiazul), aunque el Dépor tampoco necesitó de sus goles para hacer historia. El sueño de Lendoiro de tutear a los grandes se hizo realidad esa misma temporada, cuando los de Arsenio Iglesias lograba una meritoria tercera posición en Liga que les valió el apelativo de ‘Súper Dépor’. La cosa se puso seria en la temporada siguiente, 93-94, cuando  el cuadro gallego llegó a la última jornada de liga disputándole el título al Barcelona del recientemente fallecido Johan Cruyff. La forma de perder la liga no pudo ser más cruel, con el fatídico penalti de Djukic ante el Valencia en Riazor, en las postrimerías del partido, que pudo haberle dado el título.

Fue, sin duda, la peor experiencia deportiva de Mauro Silva, aunque aquel verano de 1994 iba a vivir la cara más agradable del futbol. Si el 14 de mayo, en ese partido en Riazor, vivió la de arena, en Estados Unidos, un par de meses después, viviría la de cal, cuando la selección brasileña de la que formaba parte se proclamó campeona del Mundo ante la Italia de Roberto Baggio. Silva formaba un centro del campo muy potente acompañado por Dunga, hoy seleccionador carioca, y Mazinho, padre de Thiago Alcántara. Su concurso fue fundamental para lograr el título, como lo fue en los éxitos que el Deportivo de la Coruña cosecharía durante la siguiente década.

Empezando por la siguiente temporada, la 94-95, cuando el conjunto coruñés consiguió su primera Copa del Rey, que para mayor satisfacción deportivista se consiguió ante el Valencia, que le había privado de la liga la temporada anterior. La final, en el Santiago Bernabéu, estuvo marcada por un aguacero que provocó el aplazamiento del partido en el minuto 79 cuando el marcador reflejaba empate a 1 gracias a goles de Manjarín para los gallegos y Mijatovic para los valencianos. 3 días después se reanudaría el partido y un gol de Alfredo daría la victoria a los gallegos y un titulo a Arsenio Iglesias en su despedida de los banquillos.

A este título copero le seguirían otros dos grandes títulos, la Liga conquistada en la temporada 1999/2000 y otra Copa del Rey, la del centenariazo, en 2002. A todos ellos les siguieron las respectivas Supercopas de España (1995, 2000 y 2002). “Después de lo que nos pasó en la temporada 1993-1994, ganar la Liga en el año 2000 tuvo un gran significado porque pensábamos que jamás volveríamos a tener otra oportunidad”, comentaría en una de sus entrevistas el mediocentro brasileño.

 

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Mauro Silva, entre Zidane y Morientes en la final del famoso centenariazo.

 

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El centrocampista alcanzó la gloria con Brasil en el Mundial de 1994. Aquí, con Leonardo y Bebeto.

“Mauro Silva era un líder. Llegó a ser capitán del Deportivo y siempre fue muy respetado por compañeros y rivales. Caballero dentro del terreno de juego, era incluso mejor persona fuera de él, siendo un ejemplo para los más jóvenes”

Además, el conjunto gallego se paseó por Europa con remontadas inverosímiles en Riazor y victorias de postín en Múnich o Manchester.  De hecho, quien mas y quien menos tiene la impresión de que el Deportivo de la Coruña podría haber ganado la Liga de Campeones de 2004. Tras eliminar a Juventus y Milán, con una épica remontada (había perdido 4 a 1 en Italia y venció por 4 a 0 en Riazor), quedó emparejado en semifinales con el Oporto de Mou. Las expulsiones de Andrade en la ida y Naybet en la vuelta facilitaron el trabajo a los portugueses que, con su juego rácano e inferior a los gallegos, pasarían a la final tras empatar a cero en la ida y ganar 0-1 en la vuelta. El conjunto luso acabaría ganando fácilmente al Mónaco en la final. Nunca sabremos qué habría pasado sin esas expulsiones, pero aquel Dépor de  Jabo Irureta estaba de dulce.

La Liga fue especial, pero si hay un partido que resume la grandiosa figura de Mauro Silva, ese es el de la final de la Copa del Rey de 2002. El Real Madrid celebraba sus 100 años de historia y había conseguido que la final de Copa se disputara en su casa como parte de los fastos con motivo del centenario. Todo apuntaba a una victoria gloriosa del Madrid de los galácticos y Florentino Pérez se frotaba las manos. El problema es que el Deportivo no estaba dispuesto a asumir el rol de convidado de piedra y, liderado por Mauro Silva, se puso rápido con 0 a 2 en el marcador (goles de Sergio y Diego Tristán). Raúl acortaría distancias, pero el amago de remontada se quedó ahí, gracias en parte a la labor de Silva en la medular.

El partido de Mauro Silva fue soberbio, sacando a relucir todo su repertorio que le hizo uno de los mejores mediocentros defensivos de siempre. Era la brújula del equipo, el que daba equilibrio al sistema táctico propuesto por sus entrenadores. La referencia en la medular desde la que fluía el juego gallego. Recuperador incansable de balones, tampoco iba corto de técnica para darle salida a la pelota. No se complicaba con el balón en los pies, siempre muy seguro, y por ello pocos perdía. Sabía estar siempre muy bien colocado y tenía un gran rigor táctico. Sabía leer las jugadas rivales como nadie, con un gran sentido de anticipación. Era un portento físico que corría kilómetros y kilómetros durante los partidos. Pero, sobre todo, era un líder. Llegó a ser capitán del Deportivo y siempre fue muy respetado por compañeros y rivales. Caballero dentro del terreno de juego, su mayor virtud es que era incluso mejor persona fuera de él, siendo un ejemplo para los más jóvenes…

 

Por @raulicoblantons.

 

 

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