Amy y todas las demás

Ellas son artistas con un magnetismo que te atrapa sin remisión, voces que emocionan con estilo y personalidad. Y entre todas las estrellas de este singular universo femenino, un nombre propio sigue brillando más allá de la muerte: el de Amy Winehouse. Te echamos de menos… Por Rosa Ortiz.

Desde hace un tiempo, algunas de las canciones que más me han gustado o emocionado o con las que me he sentido más identificada, han sido escritas e interpretadas por mujeres. De una lista que podría ser más o menos extensa me quedaría con Norah Jones, Alicia Keys, Corinne Bailey Rae, la controvertida Lana del Rey, Adele (de la que salvaría, sobre todo, “Set Fire To The Rain”), Emeli Sandé, Florence Welch, Lianne La Havas, Lilly Allen (la incluyo en esta lista porque siempre me han divertido sus letras, con ese punto pretendidamente vulgar, como en “Not Fair”), Janelle Monáe y, por supuesto, Amy Winehouse, una de las cantantes mejor dotadas y sin duda la más carismática de la última década.

Seguramente, llegué tarde a ella porque la descubrí con aquel legendario “Back To Black”, un disco absolutamente redondo donde todo encajaba a la perfección, una asombrosa mezcla de soul moderno y sesentero en el que sobresalía aquel tema, el que daba nombre al álbum: a mi parecer, la más dura, desgarrada, triste y a la vez hermosa de cuantas canciones escribiera Amy Winehouse. Aquella chica del barrio londinense de Candem era dueña de un talento gigantesco, de una voz extraordinaria que sonaba a otra época y que recordaba a Sarah Vaughan, Billie Holliday o, incluso, Janis Joplin y tenía una capacidad innata para crear canciones y letras magníficas, brutalmente honestas, sin imposturas. Escuchar ahora alguna de sus grabaciones en acústico, con solo una guitarra y su voz, grave, rota, una voz que era triste y sensual al mismo tiempo, consigue ponerme todavía la piel de gallina. Amy era una verdad andante, cantaba como si estuviera leyendo su diario -como dijo poco después de su muerte uno de sus mejores amigos- y esa honestidad fue la que la hizo única, insustituible e inolvidable, porque la hacía conectar realmente con el público, en sus discos o en sus actuaciones en directo. Para mí siempre será la primera de la lista, mi chica favorita.

Después de ella vino Adele y su garganta prodigiosa, las influencias reconocidas de Etta James, el éxito estratosférico de “21”, producido por el genial Rick Rubin, sello de calidad y éxito de artistas y bandas como Metallica, Red Hot Chili Peppers, Jay-Z, Neil Diamond y Linkin Park. Como Amy, Adele también escribió sus mejores temas en un momento doloroso a nivel emocional, pero en Adele yo no he sido capaz de encontrar en casi ninguna de sus canciones ese desgarro vital que en Winehouse me causó siempre un profundo estremecimiento. Reconozco su mérito, tiene una voz alucinante, pero si Amy no hubiera existido, ahora no estaríamos hablando de Adele. La chica del cardado imposible y de los tatuajes portuarios allanó el camino para todas las demás.

Por ejemplo, para Emeli Sandé, una escocesa de padre negro y madre escocesa que hasta hace poco solo era conocida por escribir canciones de éxitos para otros como Leona Lewis o Susan Boyle. Sande me gusta mucho: es una pianista fantástica y tiene una voz luminosa y potente que a mí me recuerda especialmente a la de la –oh, baby- incomparable Nina Simone. “Heaven”, el primer sencillo de su álbum de debut “Our version of events” fue premiado en los Brit Awards el año pasado y es una de esas canciones que se te agarran a la tripas y que te atrapan irremediablemente en cuanto la escuchas por primera vez.

Del resto, de Lana del Rey, Janelle Monáe, Lianne La Havas, Florence Welch o Lilly Allen, si os parece, ya hablaremos otro día.

Rosa Ortiz es periodista. Ha trabajado en medios como Telecinco, Cadena SER o La Voz de Almería y en la actualidad es asesora de comunicación de la Universidad de Almería. Viajera empedernida y lectora compulsiva, es columnista del periódico Ideal y colabora habitualmente para el blog www.crucedeviajes.com y ahora Genetika Rock.

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