Paulo Futre | La pantera de Montijo

futrecuadroJesús Gil lo usó como reclamo para ganar las elecciones del Atlético de Madrid en 1987. Futre acababa de ganar la Copa de Europa con el Oporto, formando una delantera letal con Madjer, y prometía marcar una época. Era la primera piedra del ambicioso proyecto colchonero para asentarse entre los grandes. Jugador de carácter, marcado siempre por la polémica y por las numerosas lesiones, quedó la sensación de que pudo haber sido incluso mucho más grande de lo que fue… Por Raúl Piñeiro.

Paulo Jorge dos Santos Futre nacía el 28 de febrero de 1966 en la pequeña ciudad portuguesa de Montijo, perteneciente al Distrito de Setúbal, en la región de Lisboa, con cerca de 26.500 habitantes. Ya desde muy pequeño demostró sus excelentes cualidades futbolísticas, participando en distintos torneos en categoría alevín e infantil, hasta que despertó el interés del Sporting de Portugal, con el que firmaría cuando aún tenía sólo 11 años.

Paulo se centraría de lleno en el fútbol. Iba todos los días a Lisboa en barco desde su localidad para entrenar, al tiempo que iba dejando los estudios a un lado. Con sólo 16 años debutaría con el primer equipo y esa misma temporada disputaría 21 partidos anotando 3 goles, lo que llamó la atención del seleccionador nacional primero y del Oporto después. Debutaría con la selección con tan solo 17 años, lo que le convirtió en el jugador más joven en jugar con la selección portuguesa. Por su parte el Oporto le ofrecería un gran contrato que Futre aceptaría sobre todo tras la llegada al Sporting lisboeta de John Benjamin Toshack, que no estaba tan entusiasmado con el joven futbolista luso y le abrió la puerta de salida.

Futre se marcharía al Oporto y allí sería donde el extremo portugués asombraría al resto del mundo, consagrándose como uno de los mejores jugadores que, además, dada su edad, tenía una grandísima proyección y no se le veía techo. Ganaría dos ligas (84-85 y 85-86) y dos supercopas portuguesas (1984 y 1986), pero el título que lo encumbró fue la Copa de Europa de 1987 disputada en Viena. El conjunto portugués se impuso al Bayern de Múnich por 2 a 1 gracias a la delantera temible que formaban el joven Paulo Futre y el argelino Madjer. Su irrupción en el futbol internacional hizo que los grandes equipos europeos trataran su fichaje (ese mismo año, 1987, gana el Balón de Plata como el segundo mejor jugador de Europa. El de oro fue para el holandés Gullit y el de bronce para Butragueño), pero el díscolo futbolista portugués se  comprometió con Jesús Gil, candidato a la presidencia del Atlético de Madrid. La jugada le salió bien a Gil y ganó, ya que el fichaje de Futre era una demostración del gran proyecto que quería hacer, con Menotti en el banquillo.

Futre era un extremo zurdo de mucho talento, muy creativo, cuyo estilo de juego y su prodigiosa pierna izquierda hicieron que lo compararan al principio con Maradona. El portugués destacaba por ser muy explosivo, alcanzando una velocidad difícil de parar por sus defensores, no exento de una gran calidad técnica. Sus regates, velocidad y agilidad le permitían ser muy rápido con y sin balón, y desbordar a muchos adversarios en una misma arrancada. Esas cualidades y su gran visión de juego le permitían ser un asistente letal. Futre daba muchos goles, pero también era capaz de anotarlos. En el Oporto lograría 25 goles en 81 partidos, una cifra nada despreciable considerando que partía desde la banda izquierda. Además, era un futbolista muy carismático, con mucha personalidad, que lo convertían en el ídolo de las aficiones a las primeras de cambio y le daba galones en el vestuario. Sus actuaciones le confirmaron como el mejor jugador de la liga lusa dos temporadas seguidas y le valieron el apodo de ‘La Pantera de Montijo’, en referencia a su incisiva velocidad y su lugar de nacimiento.

Su estancia en el Atlético de Madrid vino marcada por su falta de disciplina y la polémica. Ademas, el paquete de tabaco era su compañero inseparable. Jesús Gil no dudaba en apuntar a cualquier jugador cuyo rendimiento no le convenciera y, llegado el caso, despedirlo. Despedía jugadores y entrenadores con suma facilidad, aunque Futre siempre estaba fuera de duda, ya que era su ojito derecho, su gran fichaje, y al portugués le perdonaba todo, convencido de que acabaría de romper y los títulos y el dominio colchonero llegarían. Sin embargo, el Atlético no llegaba a culminar las expectativas creadas. Gil vendió proyecto grande, ganador en España y en Europa, pero el equipo no pasaba del tercer o cuarto puesto en la Liga y en Europa paseaba con más pena que gloria.

Lograrían, eso sí, dos Copas del Rey. La primera en 1991 contra el Mallorca con gol de Alfredo e Ivic de entrenador, y la segunda, la más especial, en 1992 con Luis Aragonés en el banquillo. El conjunto colchonero se presentaba en el Bernabéu para jugar ante su eterno rival, el Real Madrid, que venía de perder la liga en Tenerife. Bernd Schuster de falta, nada más comenzar el partido, adelantaba a los colchoneros. Y el propio Futre, a la media hora, sentenciaba. La consecución de estos dos títulos hacía pensar que la época dorada del Atleti iba a comenzar, pero no fue así.

 

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Futre maravilló en la final de la Copa de Europa que el Oporto le ganó al Bayern de Múnich.

 

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El jugador portugués, capitán del Atleti, marcó así en la final de Copa del Rey ganada al Madrid.

 

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Paulo Futre, ídolo eterno de la afición rojiblanca del Vicente Calderón.

 

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En su etapa en la Reggiana y fotografiado junto a Paul Gascoigne, entonces jugador del Lazio.

Futre es toda una institución en el Atlético de Madrid, y pese a las lesiones que marcaron su carrera, es considerado uno de los mejores jugadores de la historia

El Atlético empezó la temporada 92-93 con una grave crisis de resultados y con un Futre cuyo rendimiento bajó y cuya relación con Aragonés, técnico de carácter, se deterioró. El Sabio de Hortaleza, saldría a la palestra tras un empate ante el Real Madrid diciendo que Futre no estaba involucrado y que no le hacía caso. Estas declaraciones incendiaron al futbolista portugués, que exigió el traspaso a su presidente y este, cansado de los caprichos del portugués, le buscó comprador. La reglamentación entonces solo permitía vender a un extranjero a su país de origen, con lo que Futre fue traspasado al Benfica, gran rival del Sporting en Lisboa y del Oporto en Portugal.

Seis meses a buen nivel en el Benfica, donde ganaría la Copa de Portugal de 1993, le sirvieron para firmar por el vigente campeón de Europa, el Olympique de Marsella, aunque duraría poco ya que el club galo estaba inmerso en una trama de corrupción. Su siguiente destino seria la modesta Reggiana italiana, pero en su debut tuvo la lesión más grave de su carrera que lo apartó más de diez meses de los terrenos de juego. Volvería a los terrenos de juego a final de temporada en 1995. Había perdido velocidad y agilidad, pero supo sacar provecho de su calidad para actuar como segundo punta e incluso como mediapunta. Sus 5 goles en 12 partidos hicieron que el Milán, que no olvidaba la grandeza de Futre, aprovechara para firmarlo.

Pero al poco de firmar vuelve a lesionarse de la rodilla. Tenía 29 años y se especulaba con que no pudiera volver a jugar. Regresó para disputar un partido oficial ante el Cremonese, en el que el equipo de Fabio Capello ganaría el Scudetto tras imponerse por 7 a 1. Futre entraría en el terreno de juego para sustituir a Roberto Baggio. De Italia marcharía al West Ham londinense, donde se negaría a jugar a no ser que tuviera el dorsal 10 a la espalda. Cuando el club accede a sus exigencias, Futre combina grandes partidos con otros poco brillantes. Su rendimiento había bajado por culpa de las lesiones y estas le hicieron anunciar su retirada con apenas 30 años y convertirse en embajador del Atlético de Madrid. Volvería para jugar 10 partidos con el Atlético en la 97-98, donde incluso llegó a liderar un amago de motín, y acabaría definitivamente su carrera en el Yokohama Flugels japonés en 1999, tras 320 partidos y 79 goles en su carrera, y 41 convocatorias y 6 goles con la selección portuguesa.  Después de su retiro Futre regresó al Atlético de Madrid para ser el director deportivo del equipo. Consiguió sacar al equipo del infierno de la segunda división pero de nuevo sus malas relaciones con los Gil serian determinantes y en 2003 dejaría el cargo. Años mas tarde haría una intentona para regresar al Sporting de Lisboa, uniéndose a una candidatura en las elecciones de 2012 para ser su director deportivo, aunque sin éxito.

Dos títulos es poco bagaje para un jugador del que se esperaba más, pero Paulo Futre es toda una institución en el Atlético de Madrid, y pese a las lesiones que marcaron su carrera, sigue siendo considerado uno de los mejores jugadores de la historia, tanto en Portugal como en el resto del mundo…

 

Por @raulicoblantons.

 

 

 

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