Especiales | La jukebox de Quentin Tarantino

Pulp Fiction cumple dos décadas y para celebrarlo repasamos sus mejores momentos musicales y los del resto de la filmografía de Tarantino. Cash, Bowie, Chuck Berry, Tex, Morricone o Malcolm McLaren desfilan por la estética kung fu y western de un director que admiraba las secuencias melódicas de Godard. Por Mónica S. Gato.

El Jack Rabbit Slim’s abría sus puertas hace 20 años. Cannes se impregnaba de estética cincuentera en 1994 con ‘Pulp Fiction’. Steve Buscemi añadía dioptrías a sus enormes ojos azules para ejercer de Buddy Holly entre posters del celuloide de Roger Corman y una Alison Hayes “de 50 pies” mientras Mia Wallace (Uma Thurman) desfilaba con su peluca morena de femme fatale, acompañada por Vincent Vega (John Travolta). La esposa de Marsellus ‘se empolvaba’ la nariz en el baño del restaurante y el mercenario daba vueltas a una duda existencial, ¿el batido de cinco dólares “lleva bourbon”? Todo estaba listo para congelar el momento y guardarlo en la memoria de la historia del cine

Primero fue Gene Kelly (‘Cantando bajo la lluvia’); luego, Jennifer Grey y Patrick Swayze (‘Dirty Dancing’) y el propio Travolta al ritmo de los Bee Gees en ‘Fiebre del sábado noche’… Y allí estaban ellos, Mia y Vincent (no se puede bailar mejor meneándose menos), descalzos y en medio de la pista, dedicándose miradas, cruzando los dedos frente al rostro y punteando el suelo en el concurso de twist. Sonaba la mítica ‘You never can tell’, compuesta por Chuck Berry en la década del 60, mientras cumplía prisión. Y aunque la Thurman se sonrojó antes de rodar el laureado baile, este ‘Nunca se sabe’, que describe la boda de una pareja joven, funciona como uno de los momentos musicales más recordados de las cintas de este cineasta con un cociente intelectual de 160.

Al universo melódico de ‘Pulp Fiction’ se adhirieron también Dick Dale, el rey de la guitarra de surf, imprimiendo velocidad al clásico ‘Misirlou’, que da lustre a su primer disco (‘Sufer’s Choice’, 1962); el guaperas Ricky Nelson, emulando la voz melosa de Elvis en ‘Lonesome Town’; o Urge Overkill, que interpreta el ‘Girl, you’ll be a woman soon’ que aupó a la fama Neil Diamond mientras Mia esnifa la dosis que le conducirá al desmayo. Esa melancolía de notas se intercala en la película con el saxofón roto de The Centurians en ‘Bullwinkle Part II’ cuando Butch (Bruce Willis) y su novia (María de Medeiros) se despiden antes de que el boxeador arranque su moto; los silbidos de María Mackee (‘If love is a red dress’) y uno de los funks más conocidos, ‘Jungle Boogie’, a cargo de Kool & the Gang.

Uma, John, Samuel y Bruce. Bailando al son de Quentin.

Alguno de estos títulos podría formar parte de las listas de cinco que elaboraba el protagonista de ‘Alta fidelidad’, la novela de Nick Homby (Rob Fleming despachaba en una tienda de discos y Tarantino, en un videoclub). De éstos y de otros que conforman las bandas sonoras del resto de la filmografía del realizador. No nos olvidamos del Señor Rubio (Michael Madsen), torturando al policía en ‘Reservoir Dogs’ mientras escuchamos ‘Stuck in the middle with you’, de Stealers Wheel. “Tengo el presentimiento de que algo no está bien…” canta el líder de la banda mientras el ladrón corta una oreja.

La estética publicitaria que acompaña los acordes de ‘Little green Bag’, de The George Baker Selection (imborrable la imagen de los ladrones caminando en el inicio) y la colección de puñetazos que encaja el policía al son de Joe Tex con su ‘I Gotcha’ son otras de las escenas inolvidables del filme. Como lo es la llamada de teléfono entre Samuel L. Jackson y Robert Forster en ‘Jackie Brown’, ilustrada con ‘Lions and cucumbers’ y la voz siniestra del ejecutor del tema que escuchábamos en ‘Las Vampiras’, de Jess Franco, admirado por Tarantino. La reina del blaxploitation, Pam Grier, hablaba de los Delfonics en la trama y ejercitaba sus cuerdas vocales en esta banda sonora (‘Long time woman’), una lista en la que figuraba Johhny Cash y su ‘Tenessee Stud’. El rey de reyes del country repitió en ‘Kill Bill 2’ (‘A satisfied mind’), al igual que Ennio Morricone, presente en los spaghetti western de Leone y en este mismo título con dos de sus obras maestras, ‘Il tramondo’ y ‘A silhouette of doom’. ‘Death Proof’ (con ‘Paranoia prima’), ‘Malditos Bastardos’ (‘The Verdict’, ‘Un amico’, ‘Rabbia e Tarantella’ y ‘La resa’) y ‘Django Desencadenado’ (‘The Braing Mule’, ‘Sister Sara’s Theme’ y ‘Un monumento’) también contienen composiciones del italiano.

Otros que se prodigan por el cosmos musical de Quentin son Bacalov (en las dos entregas de ‘Kill Bill’) o David Bowie (con aquella maravilla de Giorgio Moroder que cantó para la banda sonora de ‘El beso de la pantera’, ‘Cat People’), así como Nancy Sinatra (‘Bang Bang’; para ‘Kill Bill 1’) o el mánager de los Pistols, Malcom McLaren, que se atreve con ‘About Her’ para la segunda parte (la canción está remezclada a partir de ‘She’s not there’ y ‘St Louis Blues’); y Jack Nitzsche, solicitado en su momento por The Rolling Stones o Neil Young, y por Tarantino para ‘Death Proof’ con su ‘The last race’. Es en este homenaje a las películas grindhouse de los 70 donde el director rueda el sensual baile de Vanessa Ferlito a Kurt Russell (suena ‘Down in Mexico’, de los Coasters, una de las bandas más influyentes del r&b, vigilada por Beatles y Rolling) e incorpora al metraje la mezcla entre el rock y el punk de Wlly Deville (‘It’s so easy’) y el clásico de Marc Bolan, exponente del glam rock en los 70 (‘Jeepster’). Más tarde, las chicas escuchan ‘Hold Tight’ en pleno trayecto. Son atropelladas y sus miembros salen disparados a la cuneta.

Y mientras, seguimos tarareando el tema principal de ‘Green Hornet’, coprotagonizado por Bruce Lee, ése que nos recuerda a un moscón dando por saco (aparece en ‘Kill Bill 1’, donde vemos a la novia encogida en el suelo cuando suena ‘Ode to oren Ishii’, con RZA, y el punk rock de las japonesas 5,6, 7, 8’s, fichadas mientras el realizador compraba en una tienda de Tokio); ‘The Chase’, un tema en el que percibimos a The Doors en la lejanía (‘Kill Bill 2’); ‘100 Black Coffind’, de Rick Roos (cuando Foxx y Waltz cabalgan hacia la casa de Candie en ‘Django Desencadenado’); y ‘Slaughter’, de Billy Preston, cuando recordamos la presentación de Hugo Stiglitz en ‘Malditos Bastardos’.

Y dicho esto, ya podemos sentarnos a la mesa como los piezas de ‘Reservoir Dogs’ a discutir si el ‘Like a virgin’ de Madonna gira alrededor de un pene descomunal capaz de causar dolorosos desgarros. O eso decía el señor Marrón.

Quentin Tarantino. Siempre armado y peligroso.

Por @monipennyta.

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