Especiales | Ray Manzarek, el alma de The Doors

Tras su muerte el pasado mes de mayo, rendimos modesto homenaje a Ray Manzarek, cofundador de The Doors y teclista sin igual. Creó un sonido inconfundible que consagró a su banda como una de las más innovadoras de su tiempo. Un cáncer le ganó la batalla a los 74 años, pero su música seguirá siendo una referencia durante décadas. Por Alba Rabadán.

Suena en mi cabeza la música de The Doors. El pasado mes de mayo, un cáncer de vesícula biliar derrotó a Ray Manzarek a los 74 años después de una larga lucha. A algunos de vosotros, al mencionar el nombre de la mítica banda angelina lo más probable es que lo único que os venga a la cabeza sea la imagen de su cantante. He de reconocer que yo misma sufría hasta hace poco lo que se denomina el “síndrome de Jim Morrison”: creer que The Doors no podrían existir sin él y que el éxito de la banda se debe sobre todo a la figura del Rey Lagarto como cabeza de cartel. Por esto, ahora me apetece hablar de ellos, pero no de su vocalista. 

Otro de los pilares básicos del grupo americano fue Ray Manzarek, una de sus dos cabezas pensantes y teclista de la formación. Morrison y Manzarek ya se conocían porque ambos estudiaron cinematografía en la UCLA, pero fue por un encuentro improvisado en Venice Beach cuando surgió la idea de crear un grupo. Cuando Morrison comenzó a cantar “Moonligth Drive”, la idea comenzó a cobrar fuerza hasta convertirse en una realidad.

Manzarek, nacido en Chicago en 1939, provenía de una familia polaca que insistió en que su hijo tomara clases de piano. Esta formación le permitió desarrollar uno de los sonidos más únicos y mágicos a los teclados y proyectarlo como marca personal del grupo. Para bien o para mal, The Doors sonaban diferente a todo lo demás. Una mezcla misteriosa entre jazz, soul, banda de club nocturno y esa psicodelia que aportaba el órgano VOX de Manzarek. Pronto comenzaron a tejer la historia de un grupo que caminaba siempre por la cuerda floja. Subidas y bajadas de una banda de éxito que se debatía con la voluntad subversiva y el alcoholismo (y otras adicciones) de su cantante.

Tras la misteriosa muerte de Morrison en 1971, el resto de los miembros lucharon por mantener a flote el grupo sin su mesías icónico. El resultado fueron dos penosos discos en los que Manzarek cantaba e incluso tocaba la guitarra. Aún así, con solo treinta años, Ray se resistía a romper con la música, por lo que dirigió un nuevo grupo con el que editó dos discos: Nite City. Le distinguían sus ganas de trabajar y su entusiasmo: incluso consiguió que el propio Carl Orff le permitiese modernizar su famosa Carmina Burana junto con Philip Glass.

Pero paralelamente, la mitificación y fama de los Doors tras la muerte de Morrison se desbordó. Todo comenzó con el uso de “The End” en Apocalypse Now (1979), la publicación al año siguiente de No One Here Gets Out Alive, biografía del ex mánager Danny Sugerman y culminó con The Doors (1991), el biopic de Oliver Stone. La banda resultó ser mucho más rentable que en los sesenta y tuvieron que contratar a nuevos representantes para gestionar la avalancha de ofertas que llegaban. Por ejemplo, quince millones de dólares por usar el single “Break On Through” en un anuncio de Cadillac.

Tras el torrente de popularidad que los consagró como una de las mayores bandas de rock de todos los tiempos, Manzarek quiso hacer una nueva gira con unos reformados The Doors. Curiosamente, el nuevo cantante era Ian Astbury, voz del grupo hard rock The Cult. Mi primera sensación fue que los “nuevos doors” serían una copia barata de lo que fueron en su momento, ya que sin Morrison y con Astbury, cambiaría por completo el alma de la banda. Pero para mi grata sorpresa, al escuchar a la nueva formación pude darme cuenta de que realmente estaba oyendo a los originales The Doors. Mismas melodías, ritmos, intensidad… El mismo piano de Manzarek y la guitarra de Krieger. Si Jim Morrison era la imagen y una parte indiscutiblemente vital de la banda, el piano de Manzarek era la esencia del grupo. Y en su caso, cuesta creer que pudiese ser reemplazado fácilmente.

Sí, hoy me apetecía hablar de The Doors y de Ray Manzarek. Quería reivindicar su puesto en el grupo, su aportación imprescindible y la bellezaque desprendía su teclado.

Por @genetikarock.


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