Sidonie | “Ser indie no define nada de lo que hacemos”

Nos encanta su música y estábamos deseando tenerles en Genetika. Sidonie nos ha vuelto a conquistar con su séptimo álbum de estudio, ‘Sierra y Canadá’, un trabajo que esconde un cambio de rumbo, un amor asincrónico y un órgano Lowrey de 1974. Marc Ros, cantante de la banda, responde a nuestra curiosidad. Por Alba Rabadán.

Sidonie ha vuelto a la carga con el que ya es su séptimo trabajo, ‘Sierra y Canadá’, que cuenta la historia de un amor asincrónico entre dos robots que intentan comunicarse en una ciudad donde ha caído una bomba atómica. Sintetizadores y sonidos más electrónicos que se alejan del pop y la psicodelia, son las señas de identidad de este nuevo trabajo que, a pesar de ser un cambio de tendencia, ha tenido una gran acogida por parte del público. Otro de los protagonistas indiscutibles es un órgano Lowrey de 1974, cuyo descubrimiento fue un verdadero placer en la producción del disco. Nos lo cuenta Marc Ros, cantante de la formación catalana. 

-Vuestros primeros pasos fueron en inglés, ¿qué propició el cambio al castellano?

-Hicimos una versión de “Duerme”, una canción de El Niño Gusano. Era la primera vez que cantábamos en castellano y nos gustó cómo sonaba. Esta lectura de la canción del grupo de Zaragoza nos dio coraje para escribir un par de canciones en castellano que editamos en una recopilación y de ahí pasamos a grabar ‘Fascinado’ (2005) que era un disco cantado íntegramente en este idioma. Nos hacía falta un estímulo externo para formalizar algo que ya nos rondaba por las cabezas; dejar a un lado el inglés. Como escritor de canciones me vi estancado con el inglés, como si ya hubiera cumplido con el período de mimetizarme con los grupos que escuchaba, bandas que eran inglesas y americanas exclusivamente. De esta manera podía expresarme con un idioma que dominaba y aportar algo diferente de lo que se hacía en UK y EEUU. Me sigue gustando interpretar canciones en inglés, ya sean de nuestro repertorio o haciendo alguna versión pero me llena mucho más el castellano o el catalán cuando tengo que escribir una canción.

-¿Qué supuso para el grupo fichar por Sony Records?

-Estar en una ‘multi’ ayudó a promocionar el grupo. La diferencia es que en lugar de trabajar con dos personas empezamos a contar con un equipo que creía en lo que hacíamos y que jamás nos impuso nada. Utilizamos su fuerza y he de reconocer que había un mal disimulado orgullo de pertenecer al mismo sello que Bob Dylan, Simon & Garfunkle, Kula Shaker y… Julio Iglesias.

-¿Cuál es la evolución más notable desde ‘Sidonie’ hasta ‘Sierra y Canadá’?

-El estar en el local de ensayo o en el estudio de grabación y que nadie haya dicho “esto no se puede hacer porque no suena a Sidonie”. Esto nos da muchísima libertad para tocar todos los palos que nos venga en gana. Espero tener tiempo para hacer todo tipo de música, esa música que me encanta y me hace feliz.

De izquierda a derecha: Marc Ros, Axel Pi y Jesús Senra.

-Habéis dado un giro radical del pop y la psicodelia a un sonido electrónico y de sintetizadores, ¿Consideráis que a un grupo le beneficia cambiar tan repentinamente su sello de identidad, su sonido? ¿Está siendo bien aceptado por el público?

-Yo creo que tenemos nuestro sello de identidad hagamos lo que hagamos porqué siempre se trata de los mismos tres seres humanos haciendo música. Aunque cambies el contenido, la esencia es la misma. Con siete discos a nuestras espaldas donde no hay uno que se parezca al otro creo que el público se ha acostumbrado a nuestros giros y si nos siguen escuchando es porque saben que detrás de cada cambio hay tres tipos que se esfuerzan en hacer buenas canciones ya sean en un disco de country o de synth pop.

-Vuestro encuentro con un órgano Lowrey, ¿fue amor a primera vista? ¿Nos podéis contar esa historia?

-Fui a comprar unas sillas en un anticuario de la calle Villarroell de Barcelona y me encontré con un órgano marca Lowrey del año 1974, sabía que nadie lo iba comprar y me lo llevé a casa. Con el primer acorde que hice ya supe que nos íbamos a llevar bien. Es el sonido del disco, el Lowrey suena en todas las canciones.

-¿Por qué Sierra y por qué Canadá? Imagino que no son simples productos de vuestra imaginación…

-Quería contar la historia de un desencuentro amoroso y no quería hacerlo desde la realidad. Utilicé la ciencia ficción, Sierra y Canadá son dos robots que intentan comunicarse en una ciudad donde ha caído una bomba atómica. Canadá se llama como el país porque sufre un complejo de inferioridad igual que el homónimo respecto a EEUU en América del norte y Sierra es bautizada así porqué sus besos robóticos saben a metal dentado.

-También hay canciones muy simbólicas en este nuevo disco, como “Yo soy la crema”. ¿Os creéis la crema?

-Para nada. Pensaba en una persona concreta cuando hice la canción, un pesado que se cree un genio y que no es consciente de su mediocridad como artista. Desgraciadamente hay muchos pelmas así.

-Citáis en numerosas ocasiones a los Beatles, ¿Qué suponen para Sidonie los Beatles?

-Todo. Antes que músicos, somos fans de The Beatles. Nuestro grupo es un homenaje a esa pasión y lo disimulamos haciendo canciones propias.

Sidonie, valor seguro e incombustible de nuestra música.

“Estar en una ‘multi’ ayudó a promocionar el grupo. Empezamos a contar con un equipo que creía en lo que hacíamos y que jamás nos impuso nada.”

–¿No os gusta mucho que os denominen como ‘grupo indie’ verdad? ¿No lo veis acertado?

-Es que ser indie no define nada de lo que hacemos. En el último concierto, entramos en el camerino y habían etiquetado las tortillas de patatas y las ensaladas que nos habían preparado con el nombre de “Sinodier”, una palabra que nos define mucho mejor.

-¿Preferís los festivales o vuestras giras en solitario? Y en las giras, en qué formato os sentís más cómodos, ¿en el acústico o en algo más electrónico y enérgico?

-Nos gusta tocar en todo tipo de recintos y afortunadamente hemos tocado en muchos, desde la cárcel de Barcelona hasta la plaza de toros de Las Ventas. Ahora hay una crisis (otra más para nuestro gremio hasta que nos barran de la tierra) que consiste en que la gente ahorra para ir a los festivales de verano para ver de una tacada a un montón de grupos mientras están de vacaciones y las giras en solitario sufren una caída importante de asistencia, no sabemos cómo acabará todo esto, mientras tanto tocamos en acústico o electrónico y gracias que podamos tocar.

Test genetiko y personal:

-Un libro: ‘Contrapunto’ de Aldous Huxley.

-Una película: ‘Eva al desnudo’ de Joseph L. Mankiewicz.

-Un concierto: The Jimi Hendrix Experience en Monterrey (1966).

-Un destino: Roma.

-Un deseo: Ser budista, meditar y no tener deseos.

Por @AlbaRAlonso.

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